Contra el trabajo infantil
Artículo de Ramón Irigoyen publicado en «La Voz de Galicia» el lunes 11 de junio de 2012
Celebramos el Día Mundial contra el Trabajo Infantil para fomentar la ampliación de los derechos humanos y de la justicia social, tan pisoteados en la tierra, en los océanos e incluso en Marte, un planeta de mención obligada ahora que acaba de fallecer Ray Bradbury, el autor de las inmortales Crónicas marcianas. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) lucha por el respeto y aplicación de los principios y derechos fundamentales en el trabajo, que comprenden la libertad de asociación, el derecho a la negociación colectiva, la eliminación del trabajo forzoso, la eliminación de la discriminación en materia de empleo y ocupación, y la erradicación del criminal trabajo infantil. Hay en el mundo 215 millones de niños y niñas víctimas del trabajo infantil. Y la mitad de estos desdichados niños están sufriendo las formas más degradantes de trabajo. Estas formas del trabajo más salvaje van desde la esclavitud o prácticas análogas a la esclavitud, como la venta de niños, incluida su reclutación para trabajar como soldados en conflictos armados, a su utilización para la realización de actividades ilícitas, o la oferta de niños para ejercer la prostitución o participar en la producción de pornografía. La OIT exige, desde 1973, a los estados miembros de esta organización que establezcan en sus leyes una edad legal mínima para el trabajo infantil, que nunca debe ser inferior a la edad en que cesa la educación obligatoria y, en ningún caso, inferior a 15 años. Pobres niños explotados por adultos degenerados.




