Aragón, Serbia y la Biblia
Artículo de Ramón Irigoyen publicado en «Diario de Navarra». Lunes, 21 de marzo de 2016
Del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, al fatídico 19 de marzo, día en que Osasuna cayó derrotado, por 3-1, en Albacete, la patria de la cuchillería y del magnífico poeta Antonio Martínez Sarrión, hemos asistido a grandes acontecimientos – ahora llamados eventos – en el mundo literario. El 8 de marzo, para celebrar el Día Internacional de la Mujer, la Casa de Aragón, presidida por José María Ortí, y Casa Serbia, presidida por Dusica Nicolic Dann, organizaron un recital de poesía. La Casa de Aragón, con sede en la plaza de la República Argentina, 6, en la misma esquina de la calle Serrano cuando esta calle enfila el rumbo hacia la calle Río Arga, donde tantas horas pasaron los fotógrafos esperando a Isabel Preysler que, hace ya unos años, vivía en esta calle, está precisamente a 15 metros del célebre restaurante Mayte Commodore, que ahora da la impresión de que ya atravesó el Aqueronte, el río que en la Odisea cruzan las almas de los muertos, y se está entrenando para reencarnarse en el río Pisuerga, que da nombre a la calle, próxima a la de Río Arga, en la que tuvo su domicilio el escritor e ingeniero Juan Benet.
Como en la mejor alineación de las días de los ‘Cinco Magníficos’ de aquel inmortal Zaragoza, que, amparado por el milagroso manto de la Virgen del Pilar, fue el terror del Madrid y del Barcelona, que, por aquellas fechas, no era todavía el Barça, la poeta búlgara Jivka Balttadzhieva, Verónica Aranda, el madrileño José Elgarresta, Diego Vadillo, Federico Leal, Miguel Losada, Felipe Espílez y la serbia Dusica Nicolic Dann formaron un equipo imbatible de poetas espléndidos. En el Día Internacional de la Mujer, celebrado en la Casa de Aragón, José Elgarresta recitó sus poemas dedicados a su pareja allí presente con una devoción monógama que admite el parangón con la poesía del casto Petrarca y de sus cien mil hijos poetas que también concentraron su amor en una sola pareja. Comienzo a leer el libro, de casi 500 páginas, Solo los dioses nunca duermen (Ediciones Vitruvio, 2015), que reúne siete libros de poesía de José Elgarresta. En la página 181 me topo con el poema titulado “Patones”. He visitado recientemente este pueblo del noreste de la Comunidad de Madrid, dividido en Patones de Arriba con “aquellas casas derruidas / de piedras liberadas por el tiempo”, como escribe el excelente poeta Elgarresta, y en Patones de Abajo, que le ofrece al viajero un buen restaurante muy adecuado para este año 2016 en que celebramos el centenario del nacimiento de Cela, el autor de La Colmena, la novela que tanto le gustaba al genial guionista cinematográfico Rafael Azcona. En el rótulo leemos: “Bar Restaurante La Colmena”. Asistí también recientemente en la sede madrileña del Instituto Cervantes a la presentación a los medios de la Fundación Charo y Camilo José Cela, que ha puesto en marcha el hijo del escritor, Cela Conde. Me volaron hasta Patones algunas vivencias, como un saludo fugaz cruzado en el Instituto Cervantes con el gran Jesús Ruiz Mantilla, que, por cierto, acaba de presentar su novela Hotel Transición. XVII Premio de Novela Fernando Quines (Alianza Editorial) bajo la égida de Juan José Millás y sentí mucho no poder asistir al acto.
El 14 de marzo, Helena Cosano presentó en el Teatro Muñoz Seca su novela histórica Teresa. La Mujer. Confesiones de Teresa de Ávila a las puertas de la muerte (La Esfera de los Libros). El acto comenzó a las 7 de la tarde. A las 9 de la tarde – o ya de la noche – de ese mismo día Antonino Nieto presentó su libro de poemas Toda la carne y el infinito (Editorial Líneas Paralelas) en el Cambridge Soho Club de la plaza de España, 6, a 30 metros de la calle Leganitos que los aficionados a la canción – por razones que ellos sabrán – asocian con la cantante Massiel, familiarmente llamada la Tanqueta de Leganitos. El cielo apoyó mi asistencia a los dos actos.
El 15 de marzo, echo a los dados mi asistencia a dos actos, y me sale un seis que me encamina a la Biblioteca Nacional de España donde Javier Gomá, director de la Fundación Juan March, diserta brillantemente sobre el tema Cervantes. La imagen de su vida. Por practicar el dadaísmo recurriendo a los dados, siento perderme la presentación, en la librería Alberti, del libro Enemigos de lo real (Escritos sobre escritores) (Editorial Galaxia Gutenberg), de Vicente Molina Foix, que presentaron Patricio Pron y el editor Joan Tarrida.
El miércoles 16 de marzo se me aparece el ángel exterminador y me impide asistir a la librería y bar de tapas Vergüenza ajena (C/ Galileo, 56) donde Lola Vivas y otras narradoras leen sus relatos publicados en Diez relatos de mujeres (Ediciones Torremozas). Maldigo al destino. El ángel exterminador me arrebata de las manos el libro de poemas La muerte de Dios (Ediciones Vitruvio), de Alberto Ávila, que este poeta airado recitó, el domingo 13 de marzo, en Café Libertad, 8, y el exterminador me encasqueta la Biblia de Jerusalén (Editorial Desclée de Brouwer), la novela más adecuada para leer en Semana Santa.




