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Ramón Irigoyen es autor de 16 libros de obra original. Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.
"Descomunal poeta" (Juan García Hortelano)
"Ya era hora, coño, de encontrar una gran prosa castellana, nueva, vieja y eterna" (Francisco Umbral, Premio Cervantes)

Cervantes y Shakespeare

Artículo de Ramón Irigoyen publicado en «Diario de Navarra». Lunes, 18 de abril de 2016

La coincidencia de la muerte de Cervantes y Shakespeare, hace ahora cuatro siglos,  obliga a aparcar hoy cualquier otro asunto. Cervantes y Shakespeare juegan en ese equipo de genios de la literatura occidental que acoge al griego Homero, al latino Virgilio, al florentino  Dante y a algunos pocos autores más cuyos nombres invito al lector a que los diga en voz alta.  Y hago esta invitación recordando que el magnífico novelista polaco Joseph Conrad nos recordó aquello de que “el autor solo escribe la mitad del libro, de la otra mitad debe ocuparse el lector”. Y autor es tanto el que escribe un poema, una novela, un drama o una comedia, un ensayo – como, por ejemplo, el soberbio ensayo Cosmos (Paidós) de Michael Onfray, que acaba de publicarse  -, un artículo o una traducción pues yo al traductor no lo llamo ‘traductor’ sino ‘autor de la traducción’ para que se le reconozca el rango literario que tiene. Ya el mismo Cervantes, que tanto luchó por el reconocimiento de sus méritos literarios, cuando habló de la traducción se quedó un poco corto a la hora de reconocer el mérito del autor de la traducción cuando la traducción es muy buena. Dijo Cervantes que leer traducciones es como ver tapices por el revés, algo que es cierto cuando la traducción es deficiente. Pero, cuando la traducción es de primerísimo nivel, ocurre lo mismo que con una copia magistral de un cuadro hecha por un artista de primer nivel. ¿No hay copias tan perfectas de cuadros que incluso los grandes expertos en pintura tienen a veces enormes dificultades para distinguir el original de la copia?  Pues lo mismo ocurre con las traducciones excelsas: el lector incluso en los casos en que puede leer el original  disfruta máximamente con esas copias literarias magistrales.  ¿Son en esos casos tapices vistos por el revés, maestro Cervantes? E insisto en llamar al ‘traductor’ ‘autor de la traducción’, aunque queda un poco largo,  para que sea respetado por el público. La no mención del traductor/a es lo habitual.

En la avalancha de libros cervantinos que han llegado a las librerías destaco la magnífica edición de Poesías (Cátedra), de Cervantes, preparada por Adrián J. Sáez. Esta edición reúne todos los poemas cervantinos publicados fuera de sus novelas y dramas, incluyendo el Viaje del Parnaso y el “Canto de Calíope” (incluido en La Galatea), textos ambos en que Cervantes nos ofrece su canon artístico con críticas y reflexiones.

José Manuel Lucía Mejías, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid,  nos da en La juventud de Cervantes (EDAF) una excelente visión panorámica de la época del autor del Quijote. Hay pocos datos ciertos de la vida de Cervantes. José Manuel Lucía es garantía de rigor extremo a la hora cerrar el paso a los delirios que se quieren colar entre los datos ciertos.

En Miguel de Cervantes. La conquista de la ironía (Taurus) Jordi Gracia, biógrafo brillante de Dionisio Ridruejo y de José Ortega y Gasset, nos narra  la vida del alcalaíno que luchó en Lepanto y logró un éxito clamoroso con la publicación del Quijote. En las biografías de Jordi Gracia hay siempre escrupulosa investigación.

Shakespeare es, como Cervantes, otro genio y, por ser británico, no necesita nuestra publicidad. El Reino Unido está lanzando  día y noche  a Shakespeare al estrellato. El Reino Unido nos da, pues, un buen ejemplo de lo que tenemos que hacer con Cervantes y con nuestros restantes artistas. Pero vaya aquí al menos un magnífico libro – El año de Lear. Shakespeare en 1606 (Cátedra), de James Shapiro – que nos acerca a la vida, obra y época del autor de Hamlet. La excelente traducción es de Vicente Forés. Ya que la invisibilidad del traductor se parece mucho a la invisibilidad de las mujeres repitamos la frase otra vez para reparar el ninguneo habitual del traductor/a: “La excelente traducción es de Vicente Forés”.

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