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Ramón Irigoyen es autor de 16 libros de obra original. Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.
"Descomunal poeta" (Juan García Hortelano)
"Ya era hora, coño, de encontrar una gran prosa castellana, nueva, vieja y eterna" (Francisco Umbral, Premio Cervantes)

El nazismo de Hamsun

Artículo de Ramón Irigoyen publicado el lunes 2 de enero de 2012 en Diario de Navarra

La publicación de Textos de la infamia. Escritos polémicos del Nobel noruego (1932-1945), de Knut Hamsun, con excelente introducción, traducción y notas de Mariano González Campo, es muy útil para constatar algunos hechos. En primer lugar, nos recuerda que Knut Hamsun (1859-1952), premio Nobel 1920, a los sesenta años de su fallecimiento, sigue vivo en nuestras librerías – y en las de muchos países – con media docena de novelas (entre ellas, Hambre, Victoria, Pan, La bendición de la tierra). Estas fantásticas novelas entusiasmaron a autores de la talla de Kafka, Gorki, Thomas Mann, Henry Miller, el crudísimo Bukowski o Paul Auster. Hamsun alcanzó una popularidad mundial inmensa. Pero su devoción por Hitler y el régimen pronazi noruego de Vidkun Quisling durante la Segunda Guerra Mundial le dio un buen hachazo a su reputación. Fue juzgado en Noruega y severamente condenado por traición. Fue tratado como un perturbado mental y le confiscaron buena parte de su fortuna. Su reconocimiento en Noruega, un país implacable con el nazismo, ha sido mínimo y allí no hay una sola calle o plaza que lleve su nombre. El gobierno del PP, los miembros de los restantes partidos políticos, así como “la afición en general”, para decirlo con un verso del poeta Jaime Gil de Biedma, que ya he citado en alguna otra ocasión, debería leer este libro, tener en cuenta el justo trato que da Noruega a los partidarios del nazismo y, de este modo, poner en su sitio a aquel dictador, hijo del nazismo y del fascismo que aquí sufrimos algunos y que otros, por supuesto, también disfrutaron. Caminando por la calle madrileña de Príncipe de Vergara con dirección a la calle de Goya, me topo, por ejemplo, con la calle del General Mola y, por tener tan reciente la lectura de Textos de la infamia, no puedo dejar de pensar que esa calle dedicada a un general rebelde, que se levantó contra la República, no existiría en Noruega.
La visión del mundo de Hamsun fue reaccionaria y, en alguna medida, fue un precursor del fascismo en Noruega. Tenía alma de pastor y por eso le chiflaban las ovejas. No hay nada de malo en que a uno le chiflen las ovejas. El problema con esta chifladura surge cuando ese amor a las ovejillas le lleva a uno aborrecer la satánica ciudad, donde, claro, por desgracia, no hay espacio para las ovejas. ¿Se imagina alguien un rebaño de 200 ovejas, con sus correspondientes pastor y mastín ciuidador, metidas en vagones del metro y, viajando, en hora punta, por ejemplo, de la estación madrileña de Hospital Infanta Cristina a la estación Puerta del Sur? A Hamsun le enfurecía que las ovejas no pudieran viajar en el metro y por eso era un total partidario de la naturaleza, con su inmensa variedad de bandadas de pajarillos, en detrimento de la horrenda ciudad, la causa de la mayoría de los males del hombre.
Frente al racionalismo, que nos hace poner los pies en la tierra, Hamsun se entregó al irracionalismo, que tanto favorece nuestra creación de delirios. Hamsun también fue alérgico al intelectualismo, a la sociabilidad y a la economía de mercado. Hamsun leyó algunas páginas – parece que no muchas – de Nietzsche y, como quizá las leyó de prisa, le generaron en su cerebro alguna confusión. Estos errores ideológicos no deben tampoco confundirnos. Hamsun es un gran escritor y muchas páginas suyas siguen tan frescas como las amapolas del campo que, con toda razón, tanto le gustaron. Porque seamos, al menos, por una vez, sinceros: ¿a quién no le gustan las amapolas del campo? ¿No lo dice incluso el estribillo de una canción de Manolo Escobar?: «¡Qué bonita es la amapola, ay, ay,ay! / que se cría en los trigales, ay, ay, ay!”

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