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Ramón Irigoyen es autor de 16 libros de obra original. Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.
"Descomunal poeta" (Juan García Hortelano)
"Ya era hora, coño, de encontrar una gran prosa castellana, nueva, vieja y eterna" (Francisco Umbral, Premio Cervantes)

Fallece Tomás Segovia

Artículo de Ramón Irigoyen publicado el lunes 14 de noviembre de 2011 en Diario de Navarra.

Ha fallecido en México, a los 84 años, Tomás Segovia, un magnífico poeta nacido en Valencia en 1927. Al estallar la guerra civil, tenía nueve años y emigró con su familia a Francia, luego a Marruecos y posteriormente a México, su país de adopción. Estudió literatura y filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México, la mítica UNAM, para decirlo con las célebres siglas de esta Universidad, también editora de tantos libros espléndidos. Tomás Segovia es autor de más de 20 libros de poesía, es narrador y traductor de Shakespeare, Nerval y Ungaretti. Fue galardonado con el premio Juan Rulfo. A principios de los años 70 del siglo pasado, fui un gran lector de poesía mexicana y publiqué en Pamplona un pequeño folleto con el título de Poesía mexicana contemporánea, donde reuní unos 20 poetas mexicanos del siglo XX. Naturalmente, entre los 20 poetas seleccioné a Tomás Segovia, cuyo poema Besos incluí porque era uno de mis poemas de amor preferidos de las literaturas que conocía. ¿Cuántas veces leí el poema Besos? Probablemente, casi tantas veces como el genial poema amoroso Pandémica y celeste, de Jaime Gil de Biedma.
Tomás Segovia ha sido, además, un gran maestro en métrica. La poeta Amanda Franco, que está escribiendo en la madrileña Escuela de Escritores su Romance al orgullo de Aracne, se acaba de encomendar precisamente a Tomás Segovia para que le inspire rimas asonantes que rimen con el verbo “tejer”, la última palabra del segundo verso de su romance. Tomás Segovia ha dado un brinco de alegría en las nubes donde ahora reside. Y le dicta desde las nubes: la coincidencia de vocales y no de consonantes – rima asonante – se da en los fonemas que aparecen a partir de la última vocal acentuada. En el verbo “tej-er”, por tanto, a partir de –er y no de –jer. Riman, pues, en asonante con “tej-er” palabras terminadas en “-é” (Jos-é, caf-é, chimpanc-é), en “-ed” (par-ed, s-ed), la primera persona del singular del pretérito indefinido de la primera conjugación (am-é, trabaj-é), en “-el” (Ab-el, bab-el, niv-el), en “-en” (am-én, almac-én), y, claro, no en “-er” (alfil-er y verbos en “–er”: “tem-er”, “dol-er”, que rima en consonante (coinciden todos los fonemas) con “tej-er”. Y, ay, querido maestro Tomás Segovia, “fallec-er”, la rima consonante o total – y no asonante o parcial – con “tej-er” más dolorosa.

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