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Ramón Irigoyen es autor de 16 libros de obra original. Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.
"Descomunal poeta" (Juan García Hortelano)
"Ya era hora, coño, de encontrar una gran prosa castellana, nueva, vieja y eterna" (Francisco Umbral, Premio Cervantes)

Ramón Gómez de la Serna

Artículo de Ramón Irigoyen publicado en «Diario de Navarra». Martes, 21 de mayo de 2013

El 12 de enero de 1963 fallecía en Buenos Aires, a los 74 años, Ramón Gómez de la Serna, un poeta en prosa de primerísimo nivel, que, ya en su adolescencia, inició una carrera profesional de escritor que le llevaría a ser autor de más de cien libros de los géneros más diversos. Ramón – así le gustaba que se le llamara – escribió greguerías (un género poético con mucho humor entre una y tres líneas que él inventó y patentó) -; novelas líricas cuyas tramas le importaban un rábano; biografías – recuerdo con extremo placer la que dedicó a Valle Inclán -; teatro y cientos de artículos publicados en no pocos diarios y revistas. Se han cumplido, pues, los 50 años de su fallecimiento y, por tanto, ya podemos empezar a ver cómo va resistiendo el paso del tiempo su prosa vanguardista, que tantas pasiones desató en España y en Hispanoamérica. La obra de Ramón tuvo también rendidos admiradores en Francia e Italia y llegó incluso a Grecia, donde, en una ocasión, el poeta Yorgos Seferis me habló con admiración de las conferencias que daba en el circo Gómez de la Serna montado en un trapecio. Recientemente, navegando por la red, para mi sorpresa, me encontré con Ramón montado en su trapecio y disfruté con su maravilloso humor, que tanto admiro y comparto.
Pero volvamos a la gran pregunta: ¿cómo ha resistido el paso del tiempo la obra de Ramón? Y, ante tan pertinente pregunta, lo primero que hay que decir es que las «Obras completas» de Gómez de la Serna, publicadas por Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg, alcanzan la friolera, o quizá mejor la calentura, de 21 volúmenes. Esta edición fue dirigida por Ioanna Zlotescu y fue asesorada por José Carlos Mainer, un maestro en la investigación de nuestra historia literaria. Las «Obras completas» de Ramón entran, pues, en esa red mastodóntica de papel en la que están insertas las obras de Lope de Vega, las obras de Galdós o, en los tiempos actuales, las obras de Francisco Umbral, el autor de «Ramón y las vanguardias» y de otros más de cien libros. Los autores mencionados, por la desmesura de su obra, necesitan, como mínimo, una docena de buenos críticos que se repartan la lectura de sus libros y nos resuman sabiamente sus conclusiones.
La Fundación José Antonio de Castro ha publicado en su Biblioteca Castro dos volúmenes que, en 2000 páginas, reúnen 12 libros de Ramón. «Obras I» reúne «El Rastro», que tanto fascinó a Gómez de la Serna, un coleccionista adicto a los objetos más inverosímiles que terminaron decorando su propia vivienda; «El circo», otra de sus pasiones; «Greguerías nuevas», libro que reúne algunos de los más bellos textos de Ramón; «Senos», un monográfico erótico con fragmentos deslumbrantes y fragmentos que la crítica feminista llevará ante los tribunales por su misoginia; «Interpretación del tango», donde leemos que tanto en el fado como en la milonga abunda la inestabilidad de la vida, un texto de lectura muy oportuna ahora que parece que el Madrid va a despedir por fin a su entrenador José Mourinho, el emperador de las broncas; y «Explicación de Buenos Aires», la gran ciudad en la que residió Ramón en su exilio, y a la que llama tan americana, tan madrileña y tan barcelonesa.
«Obras II» reúne «El novelista», «Cinelandia», «La Quinta de Palmyra», «La mujer de ámbar», «Las Tres Gracias» y «Ramonismo». «La mujer de ámbar», ambientada en Nápoles, la escribió Gómez de la Serna en una casa de esta ciudad. Una placa conmemorativa inaugurada por José Vicente Quirante, director del Instituto Cervantes de Nápoles, recuerda en Riviera di Chiaia, 185, a los transeúntes la estancia napolitana de Ramón en esa finca.
¿Qué es la greguería, el gran invento de Ramón? Él mismo la define como “métafora + humorismo”. Estos dos elementos, metáfora y humor, son también la base de la prosa de Gómez de la Serna y de Francisco Umbral, un poeta que, como Ramón, se profesionalizó como escritor y que, por tanto, tuvo que escribir miles de páginas en prosa, que es la modalidad de texto que les compran a los autores los diarios, las revistas y los editoriales. Leamos una greguería dedicada a los espárragos: “Hay espárragos tan delicados que parece que se han hecho las uñas”.

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