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Ramón Irigoyen es autor de 16 libros de obra original. Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.
"Descomunal poeta" (Juan García Hortelano)
"Ya era hora, coño, de encontrar una gran prosa castellana, nueva, vieja y eterna" (Francisco Umbral, Premio Cervantes)

De Plutarco a María Moliner

Artículo de Ramón Irigoyen publicado en «Diario de Navarra» el lunes 1 de agosto de 2011

Ya sabemos que el 20 de noviembre es la fecha de las próximas elecciones generales y es de suponer que los políticos han elegido ya muy bien su libro para las vacaciones y han empezado a devorar esta joya de Plutarco: «Cómo sacar provecho de los enemigos» (Siruela). ¿Es usted una persona de tan buen corazón que no sólo no tiene enemigos sino que a quien le trata mal le devuelve el mejor trato? En ese saco, usted no necesita leer este libro. Este libro es para personas que tengan enemigos y, especialmente, enemigos políticos. Plutarco, un griego nacido en torno el año 50 d. C. en Queronea, comienza diciendo que es posible que uno pueda encontrar un país, como Creta, sin animales salvajes, pero no es posible de ninguna manera que un Estado no genere envidias y rivalidades, pasiones que conducen fatalmente a la enemistad. Plutarco se basa en un texto de «El Económico» de Jenofonte quien afirma que es propio de un hombre inteligente sacar partido, incluso, de los enemigos.

Un ejemplo de hombre inteligente que sacó provecho de un enemigo en su infancia es el genial cineasta Spielberg. Tenía en el colegio como compañero a una bestia que lo zurraba a en cuanto podía y Spielberg, un genio del comercio, se hizo amigo de aquella bestezuela y confió a sus poderosos hombros el transporte de la cámara cinematográfica de la que el cineasta no se separaba ni en los momentos que dedicaba a ligar con sus compañeras de estudios. He aquí un ejemplo de hombre sabio que ponía en práctica los consejos de Plutarco sin probablemente haberlos leído. Sólo el sentido común lo llevó a actuar bien. Porque ¿quién no se reconcilia con una bestezuela que te ha zurrado si te hace el favor de llevar al hombro una cámara que, por lo general, pesa como un muerto? Es seguro que Spielberg terminó siendo amigo de aquel muchacho a quien le debía un favor, el transporte de la cámara que casi exige la fuerza hercúlea de los transportadores de pianos.

Un ejemplo eximio de mujer que se vengó de sus enemigos fue la bibliotecaria y lexicógrafa María Moliner, la autora del «Diccionario de uso del español». Esta autora, como leemos en «El exilio interior. La vida de María Moliner» (editorial Turner), una espléndida biografía que ha escrito Inmaculada de la Fuente, encontró enemigos por todas partes y los fue tumbando, uno a uno, con su inmensa fuerza de voluntad y un talento descomunal para estudiar el origen y los significados de las palabras que utilizamos en nuestra conversación y que escribieron los autores clásicos que nos precedieron. Su primera hazaña fue estudiar una carrera saltando por encima de las dificultades económicas de su familia. Ganó en 1922 una oposición al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, otra hazaña porque tuvo que desbancar a otros contrincantes. El 1 de diciembre de 1922 tomó posesión de su plaza en el Archivo General de Simancas, al que fue destinada. El 1 de diciembre era en Murcia archivera de Delegación de Hacienda. En febrero de 1924 fue nombrada ayudante de la facultad de Filosofía y Letras de Murcia. El acta de la facultad reflejó que con ella ingresaba el «elemento femenino por primera vez en la Universidad de Murcia». Repárese en que aquellos catedráticos de Murcia calificaban a la mujer como «elemento femenino» del mismo modo que calificarían al agua «líquido elemento».

María Moliner se casó, tuvo cuatro hijos – que, en trabajo, es el equivalente de parir dos docenas de diccionarios -, se jubiló como bibliotecaria y murió en 1981. El acto más salvajemente injusto de su vida fue el rechazo de su candidatura para ingresar en la Real Academia Española (RAE). Que la candidatura de la autora del «Diccionario de uso del españo»l, que le da sopas con ondas del furioso Cantábrico al «Diccionario» (DRAE) de la RAE, haya sido rechazada por la Academia revela la bajeza intelectual y moral de la institución que perpetró este desatino. ¿Y cómo se vengó de la RAE?: redactando un diccionario ante el que el DRAE debe hincar sus rodillas en tierra.

Inmaculada de la Fuente, la autora de esta magnífica biografía, es una excelente periodista (en 1985 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo), novelista (Años en fuga, 2001), y autora de los ensayos biográficos «Mujeres de la posguerra» y «La roja y la falangista». Con Inmaculada de la Fuente el rigor histórico está garantizado.

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