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Ramón Irigoyen es autor de 16 libros de obra original. Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.
"Descomunal poeta" (Juan García Hortelano)
"Ya era hora, coño, de encontrar una gran prosa castellana, nueva, vieja y eterna" (Francisco Umbral, Premio Cervantes)

Del LSD a «Antes del diluvio»

Artículo de Ramón Irigoyen publicado en «Diario de Navarra». Lunes, 6 de mayo de 2013

Se han cumplido los 75 años del legendario viaje en bicicleta con mayores consecuencias científicas de la historia. El 19 de abril de 1938 Albert Hofmann, un investigador de los laboratorios farmacéuticos suizos Sandoz con sede en Basilea, hizo el experimento de ingerir una dosis de LSD, una droga alucinatoria que él había sintetizado. Montó en su bicicleta y, acompañado por un colega, se dirigió a su domicilio. Aquel viaje en bicicleta iba a tener unas consecuencias tan alegres como desgraciadas. El LSD actuó con la contundencia propia de esta potentísima droga. Albert Hofmann, naturalmente, alucinó y así descubrió las consecuencias mentales de esta droga. El LSD anula el ego del incauto que lo ingiere o se lo inyecta. Y, anulado el ego, el sujeto puede llegar a creer, como un perturbado mental, que es el mismísimo Cristiano Ronaldo, el papa Pío XII, Margaret Thatcher, el poeta latino Virgilio o incluso Dios Padre, una alucinación nada infrecuente entre los consumidores de esta droga. Como se ve, la distorsión del tiempo, del espacio y de la personalidad son, como ahora se califica incluso la simple compra de un kilo de naranjas, espectaculares. Los colores que vio Hofmann y los terrores que sufrió fueron equiparables a los que leemos en el paraíso y en el infierno de la «Divina comedia» de Dante. La historia científica, artística, médica y legal de esta droga es apasionante. Sin ir más lejos, yo mismo, con cariño de madre, le dediqué, en su día, un sentido poema: «Con LSD bajo la lluvia y sobre el sol». Y a otra cosa, mariposa de Góngora, ese señorío pegado a Pamplona que dio apellido al autor del «Polifemo».
José Manuel Caballero Bonald acaba de recibir en el paraninfo de la universidad de Alcalá de Henares el premio Cervantes. Interrogado Caballero Bonald por un diario madrileño sobre sus poemas preferidos ha declarado que, para él, las dos cimas de la poesía española son las «Soledades» de Góngora y el poema «Espacio» de Juan Ramón Jiménez. Caballero Bonald está en estos momentos disfrutando las mieles de su justo éxito y, por tanto, no seré yo quien le venga ahora a gastar alguna bromilla sobre el poema «Espacio» que es probablemente la pieza de nuestra poesía, que, hasta la fecha, me ha inspirado más sarcasmos, y de los que, por cierto, algún día, deberé arrepentirme. Pero también diré, para alegría de Caballero Bonald, que he leído su «Oficio de lector», un libro de 600 páginas, publicado por Seix Barral, de ensayos maravillosos sobre escritores españoles e hispanoamericanos. Y debo decir que este libro suyo tan fantástico hay que instalarlo en ese altar supremo donde se hallan libros de ensayos tan magníficos como «Gerardo Diego en ABC (1946-1986). Artículos y entrevistas» de Gerardo Diego, con edición de Rafael Inglada, que publicó la Fundación Gerardo Diego, y «El pie de la letra» de Jaime Gil de Biedma, comentado con vivos elogios por Caballero Bonald en su «Oficio de lector».
Leo el primer verso de la «Soledad primera» de Góngora – “Era del año la estación florida” -, que, como se ve, canta a la primavera, y me dirijo a la sede de la sala de exposiciones de La Caixa domiciliada en el madrileño paseo del Prado. Ante la puerta de la sala, en la pared de la derecha un lujuriante jardín vertical ha escalado – y tal como suena: ha escalado – ocho o diez metros de pared. Si yo no conociera bien, desde hace unos años, este jardín de, como digo, diseño vertical quizá podría haber pensado que un camarero delincuente me había colado una dosis de LSD en un café y yo estaba alucinando. Por fortuna, no era alucinación. Este jardín vertical, y no horizontal como todos los que conocemos, ya por sí solo se merece una visita. Ya en el interior de la sala, la soberbia exposición «Antes del diluvio. Mesopotamia 3500-2100 a.C.» deja al visitante sin palabras. ¿Cuántos mitos de la Biblia, como el del diluvio universal, que creíamos de origen judío son de origen mesopotámico? La respuesta la encontramos en esta exposición y en el maravilloso catálogo también intitulado «Antes del diluvio. Mesopotamia 3500-2100» que ha publicado La Caixa. La exposición está abierta al público hasta el 30 de junio. Y una pregunta que se hacen todos los visitantes de esta exposición: ¿son quizá también los fueros navarros, como el arca de Noé, de origen mesopotámico? ¿No tienen pinta los fueros navarros de haber surgido de las aguas del Brahmaputra?

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