Esto es España
Artículo de Ramón Irigoyen publicado en «Diario de Navarra». Lunes, 2 de junio de 2014
Mientras tengo en mi memoria la reciente incineración del fantástico pintor riojano Ramiro Marrodán en el cementerio madrileño de la Almudena y mi visita a la exposición inaugurada en Madrid en el Centro Cultural de la Villa ‘Fernán Gómez’ con motivo del centenario del nacimiento del historiador social Julio Caro Baroja, compro en el quiosco el diario deportivo As, que abre, el pasado domingo, su portada con este titular: “Esto es España”. El diario incluye en la portada las fotos de los 23 jugadores seleccionados para el Mundial de Brasil con el acopio de las muchas copas que han ganado individualmente como campeones del mundo, campeones de eurocopas, divinas Champions, Europa Leagues, mundiales de clubes, ligas y copas – equivalentes a nuestra Copa del Rey – en cinco países diferentes. Tras este despliegue de títulos, As, por lo visto, se queda sin aliento incluso para coger una calculadora y no nos da el total de trofeos, una cifra que es vital para cualquier hincha.
Pero, por haber visitado yo, en la mañana del sábado pasado, el cementerio de la Almudena que crucé en toda su extensión en coche siguiendo el itinerario que nos marcó el furgón fúnebre que conducía los restos mortales de Ramiro Marrodán y, por haber visitado a continuación la exposición de Julio Caro Baroja, uno de los historiadores europeos más importantes del siglo XX, estoy más propenso a volar a mi infancia, en la que tanto sufrí con las constantes derrotas de nuestra selección de fútbol, y en la que, quizá para resarcirme de los fracasos futbolísticos, yo obtuve un notable éxito en la asignatura de aritmética. Sumo pues los títulos que aparecen en portada y ascienden a 171. Quien llegue a la página 3 de As descubrirá con sorpresa que los títulos obtenidos ascienden a 277. No discutiré aquí de números.Cuando, el viernes pasado, recibí la noticia del fallecimiento de Ramiro Marrodán, me ocurrió algo para mí inusual en los últimos años. En otras ocasiones, no suelo llorar en las primeras horas de la noticia de un fallecimiento. Pero, pasado un tiempo, cuando, por ejemplo, viendo un telediario el hombre o la mujer del tiempo anuncia que está lloviendo en Santiago de Compostela, al instante, me acuerdo de la persona fallecida y derramo unas lágrimas que están en plena sintonía con toda la lluvia que, en esos momentos, esté cayendo en Galicia.Con el fallecimiento de mi querido Ramiro Marrodán – además de pintor, fantástico cantante y hombre de una maravillosa vitalidad – mis reacciones a la noticia fueron estas. A los pocos minutos derramé unas lágrimas, que no dejaron de extrañarme porque todavía faltaban unas horas para el telediario. Y, tras dos o tres pequeñas sesiones de lágrimas, las lágrimas fueron sustituidas por los juramentos. ¿Y qué juramentos proferí con una furia de una estirpe similar a la que se le desató a Simeone, en la final de la Champions, cuando saltó al campo con intención de zamparse con dorsal incluido al defensa madridista Varane, que, previamente, había enviado un balonazo envenenado dirigido al banquillo del Atlético? Mi maestro, el poeta latino Horacio, me insta a que mantenga aquí el decoro y no escriba ni el más suave de mis juramentos porque incluso mi juramento más suave no tiene sitio ni siquiera en la sección más desinhibida de la revista El Jueves. Juré, pues, a lo largo de la mañana del viernes, como un carretero tudelano del PP al que la mula se le ha afiliado a Bildu y se niega a tirar del carro.
Sentí no poder asistir a la inauguración, el lunes 26 de mayo, de la exposición “Navarra intensa. Homenaje a Julio Caro Baroja (1914-1995)”, organizada por el Gobierno de Navarra, la Asociación Cultural Navarra e Itzea, la casa de los Baroja domiciliada en Bera (Navarra). Ese día, a esa misma hora, presentaba yo en la SGAE madrileña, junto con otros compañeros, El más bello despilfarro (Pigmalión), el nuevo libro de poemas de Luis Farnox. Al día siguiente, martes, Pío Caro Baroja presentaba el excelente documental Navarra cuatro estaciones. A esa misma hora le entregábamos al gran Fernando de Orbaneja el Premio de Pensamiento y Ensayo “Aristóteles” creado por el Grupo Editorial Sial Pigmalión. El jueves, Sagrario Núñez presentaba Poemas del metro. Como dijo Virgilio, mencionado en el libro, siento mucho no poder asistir
.En la exposición de “Homenaje a Julio Caro Baroja” disfruté, el sábado 31 de mayo, los 24 paneles que incluyen fotografías relativas a los temas de Navarra que Caro Baroja trató en sus estudios. Contemplé los fantásticos libros que escribió Caro Baroja – hay que recomendar dos especialmente maravillosos: Los Baroja (uno de los grandes libros de memorias del siglo XX) y Las brujas y su mundo – y me maravilló el documental Navarra: cuatro estaciones, encargado por la Diputación Foral de Navarra a los hermanos Pío y Julio Caro Baroja.Obviamente, como dice As, esto es España, pero, claro, solo una mínima parte de España. Y, por cierto, España en fútbol ahora arrasa. Pero no hay que olvidar que la primera universidad de España tiene en el mundo por delante más de 200 universidades, Así también se explica la levísima hoja de programa dedicada a este homenaje a don Julio Caro Baroja, que hay que agradecer, pero que queda a leguas del homenaje que se merece este historiador que no es solo una gloria nacional sino una figura de alcance europeo.
Y, por cierto, en el IES Julio Caro Baroja de Pamplona este centro académico mima la obra y la memoria de este extraordinario historiador.




