Casa de Fieras del Retiro
Artículo de Ramón Irigoyen publicado en «Diario de Navarra». Lunes, 16 de junio de 2014
En la Biblioteca Eugenio Trías de la Casa de Fieras del Retiro el Grupo Editorial Sial Pigmalíón entrega 24 premios distintos de nueva creación en la mañana del domingo, 15 de junio, último día de la Feria del Libro de Madrid. Por fortuna no hay que explicar lo que es una biblioteca porque todos hemos visto alguna ya sea en nuestro pueblo o en una peli o en una serie televisiva. Pero ¿quién es Eugenio Trías? Trías tuvo, entre otras, tres pasiones – la filosofía, la música y el cine -, y es uno de los filósofos españoles con mayor reconocimiento internacional. El Parque del Buen Retiro que, en su origen, fue una propiedad de Felipe IV, es, junto con la Casa de Campo – también en su origen de propiedad real – el gran pulmón del centro de Madrid. La biblioteca – palabra sagrada -, Trías, el parque del Retiro, y la Feria del Libro, ya al borde de su clausura, eran razones fuertes para no perderme la entrega de premios. Pero debo confesar que la razón suprema de mi asistencia es que se celebrara en la Casa de Fieras del Retiro, que es, a mi juicio, un sinónimo exacto de Casa de Humanos del Retiro.
En 1774 – hace, pues, 250 años – el rey Carlos III mandó construir un zoológico – era el segundo de Europa, tras el de Viena – en la actual Cuesta de Moyano. El 22 de junio de 1972 la Casa de Fieras del Retiro se cerró pues el zoo se trasladó a la Casa de Campo, su actual emplazamiento. Pero ya dijo Jorge Guillén, en un verso memorable, aquello de “Pero quedan los nombres”. Y en el parque del Retiro perdura, al menos, el nombre de la Casa de Fieras ya sin leones ni cobras. Pero, el domingo pasado, con poetas, novelistas, y ensayistas que, como todos los seres humanos, son nietos de chimpancé, salvo, claro, en los casos de Robben, Sneijder y Van Persie, los futbolistas holandeses que, por su furia vesánica en la segunda parte del partido España – Holanda, con su abrumador 1-5, nos demostraron no ya que sean nietos de chimpancé, sino que, más que nietos, son hijos de chimpancé y esto suponiendo que no sean chimpancés de la primera generación de hace ocho o diez millones de años en estado puro.
Abrió brillantemente el acto Alejandro Rodríguez Delgado, un presentador que juega en juveniles pues no debe de tener más de doce años. El premio al mejor editor recayó en José Ramón Trujillo. El premio internacional fue para Ridha Mami por su libro Lunas de otoño. La huella eterna, de Emilio Ruiz Barrachina, obtuvo el premio al mejor poemario amoroso. El premio al autor más especial, tierno y auténtico fue para Bernardo García Pintado por su obra Confesiones de un monje. Fray Bernardo es monje del monasterio de Silos.
El premio a la innovación poético-tecnológica fue para José María Paz Gago por su libro Wha(ts)appa. Piropoemas para mensajes de móvil. El premio solidario fue a parar a la Fundación Vencer el Cáncer. El premio a la mejor novela erótica fue para Manuel Montalvo, autor del libro Cosas y pelo. El premio al poemario más surrealista fue para Sandy García por su libro Mis manos bailan mis pies.
El premio a la autora más mediática fue para Rocío Castrillo, autora de la excelente novela Ellas y el sexo con prólogo de Paloma Aznar “Vampirella”. La fantástica actriz Silvia Marsó, a quien tanto admiro desde su participación en la serie televisiva Ana y los siete, que seguí con auténtica devoción, leyó un fragmento de Ellas y el sexo de una pureza auténticamente angelical. Silvia Marsó justificó la pureza del texto leído por la presencia de niños. La novela Ellas y el sexo está dedicada “A las mujeres libres y a los hombres que han desterrado el machismo de sus vidas”.
El premio al mejor libro de relatos fue para Charo Delicado por su obra Relatos en azul. El premio especial superventas de la Feria lo recibió Luis Eduardo Aute por su soberbia obra Claroscuros y otros pentimentos. Todas las canciones. Aute es autor de 11 libros de poesía y canciones recopiladas, de 31 discos y de una amplísima obra pictórica. Y ha dirigido ocho películas.
Junto con Alejandro Rodríguez Delgado, presentaron también con brillantez el acto Ángeles Castillo Núñez y Manuel Athané, autor, entre otras obras, de una magnífica Antología de Humor. La revolución de las sonrisas. El editor, Basilio Rodríguez Cañada, recibió la felicitación de sus 24 autores premiados de los que aquí solo se menciona al equipo titular. Pero el equipo aquí no mencionado, por razones de espacio, es tan bueno como el equipo formado por los autores citados.
En la Casa de Fieras me acordé de La caza de los intelectuales. La cultura bajo sospecha, un libro espléndido de César Antonio Molina presentado recientemente en la madrileña Casa del Lector.




