Feria del Libro de Madrid
Artículo de Ramón Irigoyen publicado en «Diario de Navarra». Lunes, 1 de junio de 2015
Visito la Feria del Libro de Madrid el viernes 29 de mayo, día de su inauguración. Voy a la Feria por la tarde y ese día, por la mañana, por puro azar, leo el “Prefacio para franceses” de La rebelión de las masas de José Ortega y Gasset, un libro que, como dice su autor, comenzó a publicarse en las páginas de un diario madrileño en 1926. Ortega declara con humor que ese momento de la publicación podía ser una buena ocasión para practicar la obra de caridad que más necesitamos en nuestro tiempo: no publicar libros superfluos. ¿Y quién decide qué libros son superfluos? Obviamente, esa persona que elige los libros que le convienen o que no le interesan es el lector.
Recuerdo esas palabras de Ortega cuando cruzo la puerta de la calle de O’Donnell que, en el Parque de El Buen Retiro, da acceso a las primeras casetas de la Feria. Son las ocho de la tarde y me dirijo al Pabellón de los Jardines de Cirilo Rodríguez donde el gigante editorial Penguin Random House presenta el premio de novela Alfaguara, uno de sus 250 sellos editoriales. ¿Qué debo hacer? ¿Vencer la tentación de echar al menos un vistazo a las más de 400 casetas que ofrecen miles de libros atractivísmos, al menos para mí, lo que, a toda velocidad, me llevará, como mínimo, una hora y, por tanto, llegaré con bastante retraso a la presentación de la novela premiada Contigo en la distancia de la chilena Carla Guelfenbein? ¿O bajo la vista y cruzo por delante de las casetas sin pararme ni un segundo y me voy directamente a la presentación de la novela? Por llevar varios días leyendo con el mayor interés el fantástico libro Una historia natural de la curiosidad (Alianza editorial) de Alberto Manguel sé que mi suerte está echada: me asomaré a vista de pájaro a las casetas y llegaré con retraso a la presentación. Encuentro libros fascinantes por todas partes. El editor Joan Tarrida ha publicado en Galaxia Gutenberg Por las fronteras de Europa, un libro soberbio de Mercedes Monmany, con prólogo de Claudio Magris, que, en 1500 páginas, nos ofrece literalmente cientos de pistas de la mejor literatura europea de los dos últimos siglos.
Carmen Vilela Gallego ha publicado en Cátedra la espléndida edición y traducción de La última tentación de Nicos Casandsakis. Esta joya se une a El capitán Mijalis e Informe al Greco, ambas obras de Casandsakis, también editadas y magníficamente traducidas por Carmen Vilela Gallego. Las introducciones a estos tres libros son extraordinarias.
La editora Sandra Ollo, nacida en Pamplona, y viuda – ¡vaya palabrita! – del genial editor Jaume Vallcorba, ha publicado en Acantilado, el maravilloso libro La guerra que mató a Aquiles. La verdadera historia de la “Ilíada”, de Caroline Alexander. Por su insuperable visión de la vida y por su infinita poesía considero la Ilíada la obra suprema de la literatura occidental. Y me alegra compartir con la editora Valeria Ciompi el juicio de que la Ilíada es superior a la Odisea.
Llegué por fin a la Ítaca anhelada del Pabellón de los Jardines de Cirilo Rodríguez y, al menos, logré saludar a Berna González Harbour, miembro del jurado del premio Alfaguara y autora de tres espléndidas novelas negras publicadas por RBA: Verano en rojo, Margen de error y Los ciervos llegan sin avisar.
Volví el domingo por la mañana a la Feria. En la caseta Sial Pigmalión Grupo Editorial Fernando de Orbaneja firmó su soberbio – es lo habitual en él – libro Canallas del siglo XX y pico, una auténtica lección de historia contemporánea resumida en 200 páginas. Con Orbaneja firmaron Luis Eduardo Aute – otro espléndido libro: Todas las canciones -, Luis Farnox – El más bello despilfarro, otro gran libro de poesía – y la pintora y narradora Ana Asparouhova, autora del excelente libro ilustrado Man y Bel, que, de entrada, fascinará a todos los amantes de los perros.




