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Ramón Irigoyen es autor de 16 libros de obra original. Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.
"Descomunal poeta" (Juan García Hortelano)
"Ya era hora, coño, de encontrar una gran prosa castellana, nueva, vieja y eterna" (Francisco Umbral, Premio Cervantes)

Antonio López y Alfonso Galván se van con los chinos

Artículo de Ramón Irigoyen publicado en “Diario de Navarra”. Lunes, 1 de abril de 2019

Veo sentado en el banquillo del Español a Wu Lei, calificado, una hora antes,  en el telediario de TVE como el mejor futbolista chino, y abro el Daodejing de Lao Zi en la traducción del magnífico pintor y sinólogo Alfonso Galván para explicarme cómo el mejor futbolista chino no logra entrar en el equipo titular cuando el mismísimo ABC daba a Wu Lei como titular en su edición del sábado 30 de marzo.  Del mismo modo que, en los años sesenta del siglo pasado, hablábamos de Mao Tse Tung, el político que llevó a cabo la revolución comunista china y ahora aquel señor se llama Maozedong, lo que, por las misma fechas se llamaba el Tao Te King, ahora los sinólogos de hoy – que, claro,  saben mucho más chino que los sinólogos de hace 50 años – lo transcriben como Daodejing.

El soporífero partido Barcelona – Español – y lo califico de soporífero porque se veía  que al final terminaría ganando el Barça, como así fue, por 2-0 – hace aflorar el filósofo de Shangai  que hay en mí y, mientras pienso  en el curioso destino del futbolista chino suplente, leo el capítulo 45 del Daodejing que dice: “Un gran éxito puede parecer incompleto, aunque no se desgaste con su uso”. Y así es. Mientras, naturalmente, ignoro qué le pasa a Wu Lei por la mente, Messi saca una falta al borde del área, el balón supera la barrera y el defensa españolista Sánchez, que, obviamente, le quiere contar un chiste al público, despeja contra su propia portería y logra un gol genial en propia puerta. ¿Cómo no rendirse ante la maestría de Messi, que, incluso cuando dispara por error a la grada un generoso defensa rival endereza el rumbo del balón y lo incrusta en la portería? Bien lo dice el magnífico castellano de la traducción de Alfonso Galván: “Un gran éxito puede parecer incompleto”. Y así es: un gran éxito – el gol de Messi – puede parecer incompleto porque necesitó el testarazo del defensa españolista para subir al marcador.  Y qué sabiduría china la del verso “aunque no se desgaste con su uso”. Este gol – ¿de Messi?, ¿de Sánchez? – nunca se desgastará con su uso. El Barcelona del año 2350, cuando la momia de Puigdemont se exhiba presidiendo la colección de trofeos ganados por el Barça a lo largo de su historia, organizará debates para dilucidar si el gol hay que atribuírselo a Messi o a Sánchez.

Alfonso Galván se formó como pintor en la madrileña Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Entre otros maestros ilustres, contó con el magisterio de Antonio López, un genio – hijo de Velázquez – como pintor y un genio del marketing, que vende su talento artístico con una sabiduría y una soltura admirables. Si Antonio López tuviera interés en ello, sería capaz de venderle el puente de Toledo, construido sobre el Manzanares, al mismísimo Ayuntamiento de Madrid o a cualquier otra institución o a un coleccionista privado. Lo que pinta lo convierte en oro y hay que reconocerle que su arte es inmenso.

Admiro muchísimo su arte como pintor y escultor pero su arte en el terreno del marketing bate todos los récords imaginables. Es tan inteligente que impartió un taller de pintura a un grupo de 20 chinos y, naturalmente, ese taller fue noticia de unos cuantos telediarios emitidos en España. ¿Qué precio de mercado tiene esa noticia que generó muchos minutos de emisión en no pocos canales? Y, conociendo la sabiduría comercial de Antonio López, un pintor español de máxima cotización, ¿cuántos canales chinos habrían emitido aquella noticia? Si Antonio López se lo propusiera, sería capaz de vender el Puente de Toledo – o incluso la Alhambra –  en Pekín.

La traducción, caligrafía y espléndidas ilustraciones del Daodejing son de Alfonso Galván. El prólogo de Ignacio Gómez de Liaño es excelente.  Y también es excelente el diseño y edición de textos de Juan Van den Eynde. Esta joya editorial, hasta donde llega mi humilde información, como el amor verdadero, ni se compra ni se vende.

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