Bonnefoy en Guadalajara
Artículo de Ramón Irigoyen publicado en «Diario de Navarra». Lunes, 2 de diciembre de 2013
Recibe el poeta francés Yves Bonnefoy el premio Feria Internacional del Libro en Lenguas Romances en Guadalajara (México) y la noticia destapa el tarro de las esencias – o sea, de las fragancias – poéticas. Viajo ahora con la imaginación a la Grecia de los Coroneles, en los días de la dictadura militar, cuando yo residía allí, y recuerdo una conversación con el poeta griego Yorgos Seferis, galardonado con el premio Nobel, en la que, dando un repaso a la poesía francesa, me recomendó la lectura de la poesía de Yves Bonnefoy por ser uno de los grandes poetas de esta literatura. Leí, pues, la poesía de Bonnefoy y de la lectura de sus poemas sufrí el impacto de un verso maravilloso – “la imperfección es la cima” – que he recordado, literalmente, en cientos de ocasiones. Cuando cometo un error – y hay días que, ayudado por la meteorología, cometo más de 200 errores compensados, por fortuna, con 203 o 205 aciertos -, con muchísima frecuencia, me acuerdo del verso “la imperfección es la cima”. Y cuando ya voy por los 150 errores – allá por las seis de la tarde – aflora el alpinista pasivo que hay en mí y me digo: “hoy, a este paso, duermo en la cumbre del Everest”. No deja de ser curioso que, de los cientos de versos que tengo memorizados, sobre todo, de poetas hispanohablantes, sea este fantástico verso de Yves Bonnefoy el que con más frecuencia me venga a la memoria. En este punto Bonnefoy coincide con el gran futbolista holandés y entrenador Johan Cruyff a quien, en una ocasión, al preguntarle un periodista en una entrevista televisiva cómo había que encarar los fallos contestó sin dudar: “los fallos siempre hay que minimizarlos”. Qué soberbia lección la de Bonnefoy y la de Cruyff, que dijo exactamente lo mismo que Bonnefoy, para todos esos padres dotados por la naturaleza con un subcerebro y que, por tanto, machacan a sus hijos no enseñándoles la valoración justa de los aciertos y también la relatividad de los errores.
Un ejemplo reciente de sensatez plena lo ha dado en Pamplona el magnífico portero osasunista Andrés Fernández, quien, tras cometer un fallo que le costó en El Sadar a Osasuna un gol y la derrota frente al Almería, tuvo la honradez y la valentía de declarar públicamente que había cometido un error. En un país donde hay auténtica alergia a reconocer los propios errores, el gesto de Andrés Fernández, un portero de primerísimo nivel y que, en la jornada siguiente, fue un jugador decisivo en el triunfo de Osasuna en Valladolid, le honra, en primer lugar, a él y, por él, como dice en un poema Luis Cernuda, adquiere dignidad el género humano. Hay en nuestra lengua castellana unos versos que nos dan la otra cara de la humanidad, la cara de la desfachatez y de la suprema imbecilidad. Son estos versos de Las mocedades del Cid de Guillem de Castro : “Procure siempre acertalla / el honrado y principal, / pero si la acierta mal / sostenella y no enmendalla”. Traducido libremente al castellano actual es: “procure acertar siempre / el honrado y principal / pero si se equivoca / sostenga el error y no pida perdón”. Esta fórmula de de vida absurda la utilizaban los hidalgos españoles del siglo XVI. Así aquellos hidalgos, situados en el último peldaño de la nobleza, pretendían mantener su honor. Para aquellos hidalgos, pedir disculpas cuando habían cometido un error era el equivalente de amputarse un brazo.
Yves Bonnefoy hizo en su discurso pronunciado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara un encendido elogio de la poesía, que es el equivalente de los sueños humanos. ¿Se puede vivir sin sueños? He aquí algunos títulos de los excelentes libros de Yves Bonnefoy: Las tablas curvas (Editorial Hiperión), Tarea de esperanza (Editorial Pre-Textos), El nombre del rey de Asine (Editorial Huesos de Jibia). Diccionario de mitología (Editorial BackList), un espléndido libro de 1700 páginas, lo disfrutarán los aficionados a los mitos y a la historia de las religiones.
El rey de Asine es el título de uno de los mejores poemas de Yorgos Seferis, cuyo Mythistórima. Poesía completa, en edición bilingüe (griego-español), con traducción, prólogo y notas de Selma Ancira y Francisco Segovia, ha publicado Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores.




