Centro Cultural Blas de Otero
Artículo de Ramón Irigoyen publicado en «Diario de Navarra». Lunes, 17 de febrero de 2014
A las nueve de la mañana del sábado 8 de febrero una niebla espesa me ofrece la primera duda física del día: ¿cojo el coche y voy a San Sebastián de los Reyes (Madrid) para presentar el libro de poemas Ni sombra de lo que fui de Luis Martínez de Mingo o, por precaución, me quedo, como hacía Petrarca, contemplando la impenetrable niebla y renuncio al viaje? Mientras dudo, las nubes que están, naturalmente, a ras del suelo empiezan a ascender y, por tanto, la niebla se va disipando. Me planto, pues, en el Centro Cultural Blas de Otero que, a las doce del mediodía, organiza el acto. Abre la sesión el excelente poeta Manuel López Azorín que habla con el más justo fervor de Luis Pérez Lara, presidente del Centro Cultural Blas de Otero, y de Consuelo Altable, directora de Eirene Editorial que ha publicado el libro.
López Azorín es autor del prólogo de Ni sombra de lo que fui y nos cuenta los inicios de Martínez de Mingo como poeta – publicó los poemarios Cauces del engaño en 1978 y Anacrónica y Fidel en 1985 – y disecciona el libro que estamos presentando con un bisturí tan certero que el mismísimo doctor Gregorio Marañón, contagiado por la pericia quirúrgica de López Azorín, pide a gritos en su tumba que un ángel le traiga del cielo un quirófano. En la sala del Centro Cultural Blas de Otero se oye la voz imperiosa de Marañón que, como todos los cirujanos fallecidos, tiene mono de rajar a alguien, y todos los asistentes – la sala está abarrotada de público – no comprendemos la lentitud del ángel exterminador a la hora de servirle al doctor Marañón el berbiquí que está reclamando. Yo mismo, animado por la vivisección crítica de López Azorín, comienzo a anhelar el momento casi inminente en que tendré que intervenir para recomendarle al público que lea el excelente poemario Ni sombra de lo que fui.
López Azorín, con la autoridad de Séneca, el autor de Sobre la brevedad de la vida, nos dice que Ni sombra de lo que fui está dividido en secciones con estos títulos clarificadores: el tiempo, las máscaras; la muerte, la caída de la máscara; y el tao, contra la máscara y las máscaras. El gran poeta zamorano Claudio Rodríguez, maestro de López Azorín, escribió el verso “la cáscara y la máscara”, que, como juego verbal, hay que encajar aquí.
En la primera sección, tras el poema “Fuera hoy tan honda la mirada”, que abre el libro, nos esperan diez sonetos, o sea, como dice la gran cantante Marta Sánchez en el genial programa televisivo Tu cara me suena, poemas de catorce versos de once sílabas con rimas, en el caso de Martínez de Mingo, más o menos consonantes. Hay humor en algunos sonetos y en el soneto “No me mueve, mujer, para quererte” Martínez de Mingo parodia el magnífico soneto anónimo “No me mueve, mi Dios, para quererte.
La segunda sección del libro reúne 23 poemas dedicados a una madre agonizante y, por tanto, son crudos. Los poemas relatan la bronca de un hijo con su madre. Entre los aciertos de Freud está su declaración de la ambivalencia de los sentimientos. A las personas – incluidos los padres y santos hermanos – las amamos y las odiamos porque nos dan muchas alegrías e igualmente nos causan fuertes frustraciones. De ahí que pasemos, con relativa facilidad, del amor al odio.
En la tercera sección del libro nos sale al paso la filosofía budista. Esta sección me sorprendió vivamente. Martínez de Mingo es de Logroño, que es el equivalente, para un navarro, de haber nacido en Tudela. ¿Es imaginable un tudelano budista? Le paso la respuesta al arquitecto Rafael Moneo, que es de Tudela.
Cuando López Azorín me dio la palabra, comencé hablando del genial poeta bilbaíno Blas de Otero – a quien, recordemos, está dedicado el Centro Cultural de este acto- cuya Obra completa ha publicado Galaxia Gutenberg. Martínez de Mingo, al minuto y medio de tomar yo la palabra, me impuso el silencio. Este poeta, que es también ciclista, o está andando en bici o, como sucedáneo de la carencia de pedal, está rajando. Como fue a la presentación sin bici ardía en deseos de hablar. A Jordi Hurtado le brindo esta pregunta para su programa televisivo Saber y ganar: ¿quién habla más?, ¿ Martínez de Mingo o Pilar Rahola? Ni sombra de lo que fui está dedicado a Hernán Valladares, cuya novela El hombre diminuto (Editorial Bohodón) Martínez de Mingo presentó, en su día, en el madrileño Café Libertad 8. ¿Quién habló más en la presentación de esta novela?: ¿el autor, Hernán Valladares, o el presentador, Luis Martínez de Mingo? Respuesta para el programa Saber y ganar: naturalmente, habló más Pilar Rahola. Pero hay que comprender a Luis: el mono de bici que tenía en la presentación de Ni sombra de lo que fui es equiparable al mono de quirófano que sufre Marañón en su tumba. Martínez de Mingo triunfó como orador.
El Centro Cultural Blas de Otero es una Asociación de Utilidad Pública que anima fantásticamente la vida de San Sebastián de los Reyes. Entre otra gente ilustre, asistieron al acto el magnífico poeta Pepe Ramos autor de La ansiedad del escapista (Editorial Huacanamo), la gran filósofa y también ciclista Inmaculada García y el espléndido humorista Pepe Garamandy que, el próximo 25 de febrero, presenta en el madrileño Teatro Lara el espectáculo Gila Gran Reserva.




