Creer en los reyes
Ramón Irigoyen
Publicado en La Voz de Galicia, 6-1-2011
Visito la extraordinaria exposición que el museo del Prado dedica a Rubens y, ante La Adoración de los Magos, un óleo sobre lienzo de tres metros y medio por casi cinco metros, casi entro en éxtasis y me hago esta pregunta: ¿deben los padres fomentar la creencia de los niños/as en los reyes? ¿O deben los padres decirles la verdad y contarles que los regalos que recibirán no se los traen los magos sino que son ellos mismos quienes los han adquirido en las jugueterías? Si uno es creyente, lo más probable es que no dude y que les cuente a los niños que Jesús nació en Belén y fue visitado por los reyes de Oriente que le trajeron oro, incienso y mirra. Y, por tanto, les dirá a los niños que, el cinco de enero, los reyes llegan de Oriente. Pero para el agnóstico y el ateo la creencia en los reyes magos es muy distinta. ¿Un agnóstico debe decirle al niño que los reyes vienen de Oriente o debe decirle la cruda verdad de que los reyes son los padres privando al niño de un sueño cimentado exclusivamente en un relato bíblico? El sociólogo Enrique Gil Calvo, en un brillante artículo, escribió que el mito de los reyes magos era muy instructivo para el niño porque, al descubrir la mentira paterna de la llegada de los reyes, el niño caía en la cuenta de que, en esta vida, nos mienten hasta los padres. Y una vez que el niño sabe que no se puede fiar de sus padres, espabila y da un buen paso para aprender a tragar los no pocos sapos que le esperan en la vida. Una opinión que choca frontalmente con La Adoración de Rubens.




