De Amestoy a Vargas Llosa
Artículo de Ramón Irigoyen publicado en «Diario de Navarra». Lunes, 15 de junio de 2015
En las vísperas sicilianas de la Feria del Libro de Madrid el gran dramaturgo, periodista y profesor Ignacio Amestoy recibió un fantástico homenaje en la madrileña Casa del Lector. El homenaje se le tributó con motivo de la publicación de sus obras teatrales Violetas para un Borbón. La reina austriaca de Alfonso XII y Dionisio Ridruejo. Una pasión española publicadas por Cátedra en su colección Letras Hispánicas que acoge a las glorias literarias de la patria. La edición de estas dos obras espléndidas ha corrido a cargo de Fernando Doménech Rico que, en homenaje a los habitantes de Cascante, hay que decir que, como si fuera hijo de este municipio de la Ribera navarra, se ha cascado una introducción de cien admirables páginas. Los aficionados al teatro ya saben dónde tienen un libro que los elevará al quinto cielo donde, por cierto, ahora habita Teresa de Ávila – así la llama incluso el Vaticano -y lee con asombro el también espléndido libro Teresa de Jesús. La construcción de la santidad femenina (Cátedra) de Rosa Mª – la autora lo escribe con abreviatura – Alabrús y Ricardo García Cárcel.
¿Por qué, en la España de los siglos XVI y XVII, hubo tantas monjas piadosísimas pertenecientes a poderosas órdenes religiosas y, sin embargo, sus procesos de beatificación y canonización se quedaron estancados sin llegar a buen puerto, mientras que el proceso de beatificación y canonización de Teresa de Ávila voló con la ligereza del cierzo, un vientecillo bastante ágil? Alabrús y García Cárcel resaltan las extraordinarias dotes de captación de voluntades que tenía Teresa de Ávila y su servicio absoluto a la Iglesia, que la premió con una santidad postulada con casi total unanimidad. Catalanes, castellanos y navarros estaban de acuerdo: Teresa de Ávila era santa y la Iglesia la canonizó con extraordinaria rapidez.
El primer capítulo de Teresa de Jesús tiene un título involuntariamente – o quizá voluntariamente – cómico aunque, en realidad, el título es exacto: “La fábrica de santos’. Los aficionados al fútbol, en cuanto leemos este título, nos acordamos del genial Alfredo Di Stéfano que al estadio Santiago Bernabéu, en el que él triunfó tantos años, también lo llamaba ‘la Fábrica’. Quien lea Teresa de Jesús, que a mí me ha fascinado porque cuenta las luchas de poder entre las órdenes religiosas por situar a sus frailes y monjas en los altares y el cauto proceder del Vaticano que también actúa atendiendo primordialmente a sus intereses.
Leo La construcción de la santidad femenina – subtítulo de Teresa de Jesús – al mismo tiempo que el libro Urbrands. Construye tu marca personal como quien construye una ciudad (Espasa) , de Risto Mejide. Mejide, un presentador televisivo que a nadie deja indiferente – se le ama o se le odia – y un publicista de éxito, declara que Urbrands es una hoja de ruta clara para una gestión de nuestra marca, ya sea personal o industrial. Si uno estudia a fondo estos dos libros – Teresa de Jesús y Urbrands – puede llegar a crear una magnífica marca de chorizos o, si le da por la espiritualidad, puede iniciar su carrera de beatificación y canonización para lo que, sin duda, le conviene, además, profesar en una próspera orden religiosa. El fantástico libro La vida religiosa de la A la Z. Desde los orígenes hasta nuestros días (Editorial San Pablo), de Georg Schwaiger, nos informa de cuál es la orden religiosa que nos conviene para lanzar la marca de nuestra santidad.
Bajemos del cielo a la tierra y hablemos del romance de Mario Vargas Llosa, al parecer, muy enamorado de Isabel Preysler, la reina de corazones. Y, además de ser grandes escritores, ¿tienen algo más en común ‘la Santa’ – Teresa de Ávila, no Isabel Preysler – y Vargas Llosa?: sí, ambos nacieron el mismo día, el 28 de marzo. Nacidos bajo el signo marcial de Aries, ambos dejan la piel en la guerra.




