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Ramón Irigoyen es autor de 16 libros de obra original. Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.
"Descomunal poeta" (Juan García Hortelano)
"Ya era hora, coño, de encontrar una gran prosa castellana, nueva, vieja y eterna" (Francisco Umbral, Premio Cervantes)

Drogas al volante

Atículo de Ramón Irigoyen publicado en «La Voz de Galicia». Martes, 26 de enero de 2016

De los eslóganes que ha difundido la Dirección General de Tráfico (DGT) hay tres que recuerdo con frecuencia: “Prudencia y solidaridad”, “Lo importante es volver” y “Al volante ni una gota de alcohol”. El primer eslogan, “Prudencia y solidaridad”, suena a creado por La Bruyère o La Rochefoucauld, los geniales moralistas franceses que sintetizan en aforismos de tres o cuatro o líneas  auténticos tratados de sabiduría. La prudencia ahorra al año miles de accidentes. Y, hablando de  mi caso, la pongo  especialmente en práctica en las curvas en las que evito adelantar a otro vehículo porque nunca me parece más cierto que “Lo importante es volver”. Y una ley física, de las que tan bien explica  Einstein, dice que, en una curva, el coche tiende a bailar un rock y hay riesgo de que el conductor también se encomiende a Elvis.  La solidaridad que nos recomienda la DGT está ya documentada en el capítulo 5 del evangelio de san Mateo. En él Cristo nos recomienda no solo amar a nuestro prójimo  sino también amar a   nuestros enemigos. Y Cristo hasta nos pidió que rezáramos por esos acosadores que en la autopista se nos pegan al coche cuando  dijo aquello de “rogad por los que os persigan”. Por tanto, en la carretera, hay que ser solidarios hasta con esos chimpancés de bellota que ponen en peligro nuestras vidas.  ¿Y cómo no ponderar la sabiduría que nos invita a no tomar ni una gota de alcohol, que, literalmente, a tantos miles de personas ha llevado antes de tiempo al cielo o, por estar en pecado mortal,  al infierno? Un reciente estudio de la Fundación de Ayuda Contra la Drogadicción  y la Fundación Mapfre concluye que más del 60 por ciento  de los jóvenes,  en los últimos seis meses, se ha subido a un coche conducido por un chófer que le había dado al jarro más de la cuenta. ¿Cuántos de ellos adelantaron, incluso en algunas décadas, su visita al Padre Eterno? Además, un 32% reconoce que subió a un vehículo con un conductor que había consumido cannabis – pronúnciese ‘cánnabis’ – o marihuana. Los restantes encuestados viajaron con un conductor que había ingerido cocaína, éxtasis – quizá en su entusiasmo por Teresa de Ávila tan homenajeada en su reciente centenario -, anfetaminas o alucinógenos que a tantos han llevado a estamparse contra un alcornoque.

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