El pintor Fernando de Szyszlo
Artículo de Ramón Irigoyen. ‘Diario de Navarra’. martes 23 de enero de 2018
El Instituto Cervantes ha rendido en Madrid un esplendido homenaje al pintor peruano Fernando de Szyszlo, fallecido el pasado 9 de octubre, a los 92 años, junto con su segunda esposa Liliana Yábar, de 96 años, en un accidente doméstico. En el homenaje intervinieron el director del Cervantes, Juan Manuel Bonet; el escritor J.J. Armas Marcelo, director de la Cátedra Mario Vargas Llosa; el agregado cultural de la embajada de Perú en España, Alonso Ruiz-Rosas; y Mario Vargas Llosa, que el pasado 15 de octubre, publicó en El País el magistral artículo “La muerte del amigo”, que, ahora que existe internet, se recupera en décimas de segundo. El arquitecto Vicente de Szyszlo, hijo del pintor y de su primera esposa, la excelente poeta Blanca Varela, cerró el acto y se limitó a decir dos veces gracias porque la emoción le impidió articular más palabras.
El acto fue brillantísimo. La intervención de Juan Manuel Bonet, poeta y experto máximo en artes plásticas – ahí está su inmortal Diccionario de las Vanguardias en España (1907-1936), publicado por Alianza Editorial -, tenía en Fernando de Szyszlo, pintor y apasionado lector de poesía, el personaje más propicio para articular un discurso memorable. Bonet destacó que Szyszlo fue un pintor amigo del claroscuro, pero a la vez utilizaba unos colores rosas y azules deslumbrantes.
El director del Cervantes, como el resto de los participantes, estaba sentado en una butaca en un escenario que no utilizaba la habitual mesa. La última vez que vi a Bonet hablar en público fue el día que tomó posesión de la dirección del Instituto Cervantes y, en aquella ocasión, habló de pie. Leyó un excelente discurso con velocidad de metralleta émula de las zancadas de Usain Bolt, una aceleración comprensible por la responsabilidad del momento y por la postura – de pie – que tanto influye en el discurso.
El recuerdo de haber visto a Bonet hablar de pie y, en esta ocasión, verlo hablar sentado y ya con ágil, pero no acelerada velocidad de discurso, me hizo recordar el día ya lejanísimo en que el poeta griego Aryiris Efstratiadis, en una presentación pública de una traducción al griego que, junto con el poeta Vanguelis Rosakeas, habíamos hecho en Atenas del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de Lorca, me preguntó si yo iba a hablar de pie o sentado y me recalcó, como en tantas ocasiones, a la hora de hablar en público, he recordado, la importancia de la postura corporal a la hora de pronunciar un discurso.
Hace aproximadamente dos meses, Aryiris Efstratiadis me comunicó el fallecimiento del excelente poeta Vanguelis Rosakeas, un amigo queridísimo cuya muerte he llorado amargamente. El artículo “La muerte del amigo” de Vargas Llosa, la postura de los participantes en el acto – todos estaban sentados -, las muertes del pintor peruano y del poeta griego Vanguelis Rosakeas generaron en mi mente un cóctel de pensamientos explosivos.
J.J. Armas Marcelo, un orador brillantísimo, contó la historia de su amistad con Fernando de Szyszlo y recomendó la lectura de las memorias del pintor peruano que, con el título de La vida sin dueño, ha publicado la editorial Taurus.
El agregado cultural de la embajada de Perú en España, Álvaro Ruiz-Rosas, habló de la vinculación familiar de Fernando de Szyszlo con Abraham de Valdelomar, tío carnal del pintor por parte de madre. Ruiz-Rosas es poeta. He leído por internet su espléndido artículo “Adiós, poeta” dedicado al peruano Antonio Cisneros, cuya obra poética ha circulado muy bien en España desde los años sesenta del siglo pasado.
Mario Vargas Llosa es soberbio escritor y soberbio orador. Dijo que Szyszlo fue una de las cosas buenas que le han pasado al Perú, a América Latina, al arte moderno y, sobre todo, a las personas que tuvieron el privilegio de conocerlo. Al día siguiente del acto, pregunté a Google por Fernando de Szyszlo y en un vídeo emitido por un canal televisivo peruano vi la escalera de la casa desde la que, como escribe en “La muerte del amigo” Vargas Llosa, murieron sus amigos ‘desbarrancados’, que, en español de España, decimos ‘despeñados’. Ese vídeo, con informaciones que creo que la mayoría de los navarros no podría digerir, me dejó consternado.
Al final del acto, entre otras personas, saludé a la peruana Mariesther Nebout, que escribe un relato inspirado en los parricidios del tristemente célebre José Bretón, a Pilar Falcón que dirige, en Alcobendas (Madrid), en un restaurante de La Moraleja, el Club de la Tertulia, al tudelano Rafael Moneo – premio Pritzker (el equivalente del Nobel) de arquitectura – y a Isabel Preysler , a quien la crónica social califica de ‘socialité’, palabra francesa creada innecesariamente a partir de la palabra inglesa ‘socialite’. Le dije a Isabel Preysler que admiraba a sus hijos – ¿cómo no admirar las geniales imitaciones de cantantes que hace Julio Iglesias Jr. en el programa de Antena 3 Tu cara me suena, incluida la imitación de su propio padre? – y me contestó no solo como una madre sino como una madre santa: “Lo importante es que son buenos chicos”.




