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Ramón Irigoyen es autor de 16 libros de obra original. Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.
"Descomunal poeta" (Juan García Hortelano)
"Ya era hora, coño, de encontrar una gran prosa castellana, nueva, vieja y eterna" (Francisco Umbral, Premio Cervantes)

España regresa a la Edad Media

Artículo de Ramón Irigoyen publicado en “Diario de Navarra”. Lunes, 2 de julio de 2018

Creí ingenuamente que la eliminación de España frente a Rusia en el Mundial de un modo tan bochornoso me iba a amortiguar, al menos un poco, mi deseo de seguir viendo fútbol pero no ha sido así. Las presentaciones de libros y los estrenos teatrales me siguen reclamando pero yo me atrinchero frente al televisor y sigo viendo los partidos de las cuatro y de las ocho de la tarde, y los libros y el teatro los aparco para mediados de julio, cuando hayamos cantado el ‘pobre de mí’ del Mundial.  Y, puesto que España ha regresado, con su vergonzosa derrota frente a Rusia, a la mismísima Edad Media, donde tendrá  que reiniciar la Reconquista,  haré historia de las  últimas tres semanas.

Recibí en su día, unas horas antes de la toma de Granada por nuestros Reyes Católicos, allá por el 18 de junio, una invitación de la Fundación Lázaro Galdiano para asistir a la presentación del facsímil del Privilegio de la unión de la ciudad de Pamplona. La convocatoria era también de la Asociación Cultural Navarra, que, entre otras nobles misiones, se encarga de reunir a los navarros en Madrid. En el primer momento de recibir la invitación me alegré porque iba a asistir a un acto en el que íbamos a rememorar  los siglos XIV y comienzos del siglo XV en los que los pamploneses vivían atrincherados en sus burgos de la Navarrería, de San Nicolás, de San Cernin y de San Miguel, bien aislado un burgo de otro por unas salvajes murallas como las que vio desde niño Puigdemont en su natal Girona, hasta que, por fin, los pamploneses se decidieron a abandonar la cloaca del aislamiento y se unieron creando la ciudad de Pamplona. La Asociación Cultural Navarra anunciaba en su tarjetón – ¡palabra abominable donde las haya! – de invitación que la Editorial Sancho el Fuerte obsequiaría a los asistentes con un ejemplar del libro Patrimonio inmaterial de Navarra.  El acto seducía hasta a los gallegos y andaluces enterrados en el madrileño cementerio de la Almudena.

Me sentía feliz porque muy pronto iba a saludar a muchos y queridos paisanos navarros pero, a los dos días, caí en la cuenta de que no había apuntado en mi agenda que, ese mismo día y casi a la misma hora – minuto arriba o abajo  – Mediaset, en su canal de Telecinco, televisaba el partido España – Marruecos. ¡Maldita sea, me dije!, adiós, rey Teobaldo, adiós, mi admirada reina Blanca, adiós, burgo de  la Navarrería con su fuente desde cuya cima se despeñan los pamploneses de diez en diez, y sin casco, y nunca se abren el cráneo, adiós, burgo de San Nicolás, que cuentas con la imagen de mi protector, San Ramón Nonato,  adiós, monumento a los Fueros, adiós, quiosco sublime de la plaza del Castillo, la unión de Pamplona es mi vida misma, me dije tuteándome,  pero el España – Marruecos, para un español, es un deber religioso y no quiero exponerme a la condenación de mi alma.

Vi, pues,   el España – Marruecos y, con el empate de España a dos goles in extremis,  tuve un presentimiento oscuro de que íbamos rumbo al Gólgota. Y, por cierto, en el magnífico gol de tacón de nuestro Iago Aspas a Marruecos tuve la revelación  de que el fútbol no es, como nos cuentan, un invento inglés, sino que es un invento judío: ¿es anglosajona la palabra gol? ¿No está ahí palmario – y palmario en los dos sentidos de la palabra: palmario porque es muy claro y palmario porque, a veces, se palma  – ese Gólgota evidentísimo que demuestra que los primeros goles de la historia se cantaron en este sublime monte judío?

Abrí, pues, al instante la magnífica Historia mínima de Israel de Mario Sznajder, recientemente presentada en Madrid,  para comprobar mi intuición de que el fútbol se inventó en el monte Gólgota  y me llevé una sorpresa muy poco agradable. Sé ya cual es la diferencia entre judío, israelita e israelí. A quien me quiera escuchar la explico qué supuso que los judíos aceptaran el Antiguo Testamento como texto canónico. También ya sé algo de la relación que hay entre el caso Dreyfus y la aparición del sionismo político. Pero es triste que un historiador tan bueno como Mario Sznajder no diga ni media palabra sobre la invención del fútbol por los judíos que, como la misma palabra lo demuestra, metieron los primeros goles de la historia en el monte Gólgota.

Y, respecto a la selección española de fútbol, como hemos sabido por los telediarios, asiste todos los días de rodillas a la representación teatral de La herida, un texto espléndido de Elena Belmonte, en la madrileña Sala Estudio 2 del madrileño barrio de Embajadores. El montaje lo dirige el gran Manuel Galiana. Con Galiana, que encabeza el reparto, triunfan también en escena Pilar Civera, Susana Sanz, Jesús Ganuza, Óscar Olmeda y Pedro Fajardo. La herida disecciona un conflicto familiar. A la finalización del espectáculo, Pepe Reina sube al escenario, quiere contar un chiste y, ay, se queda mudo.      

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