J. M. Lara y Vargas Llosa
Artículo de Ramón Irigoyen publicado en «Diario de Navarra». Lunes, 2 de febrero de 2015
Pensaba haber dedicado este artículo a comentar el estreno de la obra teatral “Los cuentos de la peste”, de Mario Vargas Llosa, inspirados en el Decamerón de Bocaccio. En la obra Vargas Llosa, como un fantástico aficionado al suicidio, participa además como actor. Ser actor es la forma de Vargas Llosa de correr un encierro a un metro de las astas de la manada. Pero el fallecimiento de José Manuel Lara Bosch, presidente del Grupo Planeta, obliga a cambiar de tema. Millones de personas de todo el ámbito hispánico hemos leído libros de sus sellos editoriales y, hablando por mí mismo, siento una inmensa gratitud porque él y sus directores editoriales me publicaron algunos libros. José Manuel Lara Bosch es un gigante de la edición, un lector omnívoro, y un ciudadano cosmopolita que al nacionalismo catalán lo supo llamar al orden. Invitó al nacionalismo catalán a plegarse al nacionalismo español que tanto nos beneficia a catalanes, castellanos, andaluces, navarros y a los restantes pueblos de España. Y no debería ser necesario aclarar que un nacionalista español, como un nacionalista francés, alemán o griego, además de sentir la mayor simpatía y admiración por todas las ciudades y pueblos de su nación, debe sentirse nacionalista europeo y, ampliando el radio de su solidaridad, nacionalista del mundo, que es, en última instancia, el único nacionalismo plenamente justificable.
José Manuel Lara Bosch nació en Barcelona en 1946. Tenía, pues, tres años cuando su padre, José Manuel Lara, fundó en la ciudad del Real Club Deportivo Espanyol de Barcelona, en 1949, la editorial Planeta. La ciudad del Espanyol, fundado en 1900, es, claro, también la ciudad del Barcelona Club de Fútbol, fundado en 1899. Pero la directiva de este club oculta siempre que, en los comienzos de la existencia del Barça, en este club solo podían jugar futbolistas de nacionalidad británica y, por tanto, no podían jugar no ya solo castellanos, canarios o asturianos, sino que tampoco podían fichar por aquel Barcelona catalanes de ninguna de sus cuatro provincias: Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona. Y por eso, para que los catalanes de Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona pudieran jugar al fútbol y fichar por un equipo, se fundó el Españyol, que se llama así porque, por este club, ya podían fichar ciudadanos de las cuatro provincias catalanas y de las restantes provincias de España. Por tanto, el club, a lo largo de toda su historia, realmente catalán es el Español, y el Barcelona, que tan absurdamente se autodenomina “más que un club”, es solo – y nada menos – que un inmenso club con un extraordinario palmarés, pero, que, por ejemplo, en número de copas de Europa tiene por delante a varios clubes en Europa. Silenciemos sus nombres para que la directiva del Barça no sufra.
José Manuel Lara Bosch amplió el grupo editorial creado por su padre hasta convertirlo en un grupo multimedia de alcance mundial. Lara ha sido el propietario del Grupo Planeta – que hizo llegar sus productos a 25 países con unos cien sellos editoriales -, del diario La Razón y presidente de Atresmedia, compañía que engloba las cadenas televisivas Antena 3 y La Sexta. También los Lara, padre e hijo, tuvieron participaciones en el Real Club Deportivo Espanyol de Barcelona.
José Manuel Lara, casado y padre de cuatro hijos, estudió en el Liceo Francés – por aquellos años, el francés era todavía, aunque ya por poco tiempo, nuestro primer idioma internacional – y en la facultad de ciencias económicas de Barcelona.
Siento mucho no haber hablado de “Los cuentos de la peste” de Mario Vargas Llosa, que tanto disfruté en el madrileño Teatro Español. Pero la actualidad siempre manda. Reúno en el título de este artículo a José Manuel Lara y a Mario Vargas Llosa, premio Nobel de literatura, como ejemplos supremos de editor y de autor, de quienes tanto podemos aprender todos, incluida la dictadura – digo la directiva – del Barça. Vaya una bromilla contra la directiva independentista del Barça en la despedida de José Manuel Lara, un hombre extremadamente cordial y que advirtió que tendría que pensar en trasladar la sede barcelonesa de su empresa editorial si la chifladura independentista – hay que ser nacionalista del Estado mundial y no nacionalista de corto alcance – sentenciaba la separación de Cataluña de España.




