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Ramón Irigoyen es autor de 16 libros de obra original. Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.
"Descomunal poeta" (Juan García Hortelano)
"Ya era hora, coño, de encontrar una gran prosa castellana, nueva, vieja y eterna" (Francisco Umbral, Premio Cervantes)

La Pamplona de posguerra

Artículo de Ramón Irigoyen publicado en “Diario de Navarra”. Lunes, 3 de julio de 2017

Con el título de Recuerdos inaugura en  la galería Vuela Pluma de Madrid  una excelente exposición el pintor Alfonso Galván, un extraordinario retratista de la reina Doña Sofía y del dramaturgo Antonio Buero Vallejo, entre otros personajes. Y el título de la exposición  lleva la memoria a otra magnífica exposición de Galván  titulada Políptico del Perro (2007-2014). En la entrada de la Escuela de Escritores de Madrid se lee la sentencia “Todo empieza con una sola palabra”. Y  todos ahora podríamos crear historias fantásticas partiendo de la palabra ‘Alfonso’ – nombre también de un gran fotógrafo madrileño y del célebre periodista Alfonso Sánchez, ambos  del siglo pasado -, ‘Vuela’ – vuela mi abuela con zapatos sin suela -, o ‘Pluma’ que nos evoca el verso  “pajarillo, delicia de mi amada…” del poeta latino Catulo.

Para que siga perviviendo en mi memoria la exposición Recuerdos de Alfonso Galván, me envía un pamplonés tan santo como queridísimo,  y que es casi mi segundo padre,  el excelente libro La Pamplona de posguerra. Imágenes de una época en blanco y negro 1939-1959 del historiador y exdirector del Archivo Real y General de Navarra Juan José Martinena Ruiz  Abre el libro un espléndido prólogo de Tomás Yerro Villanueva, que, donde pone la pluma del pajarillo catuliano  o, si se quiere un lenguaje más de hoy,  donde pulsa las teclas del ordenador, abre zanjas de auténtica sabiduría.   La Pamplona de posguerra, además de ser, en estos momentos, para quienes vivimos en la diáspora, una buena preparación para los sanfermines,   conduce al lector, a través de unas espléndidas fotografías comentadas, a la Pamplona de los años 40 y 50 del pasado siglo.

En 1984 y 1985 Martinena Ruiz publicó en Diario de Navarra una serie de 50 artículos. Aquella serie de artículos llevaba el título general de “De la Vieja Iruña”. De aquella serie el autor eligió 37 artículos. A esta serie se añadieron siete artículos publicados en la revista gráfica navarra Pregón y en la revista pamplonesa Cuatro Vientos de la que dice Martinena Ruiz que tuvo una gran difusión en los años 1981-1982.  Este dato del autor, como si yo estuviera ahora viendo la exposición Recuerdos de Alfonso Galván, me hace volar a los días en que yo también colaboré en la revista Cuatro Vientos que dirigía, con gran entusiasmo,  un navarro aguerrido de apellido, creo, Viscarret. Para ampliar la visión de aquella ciudad en blanco y negro de la posguerra, tan lejana en el tiempo y tan distinta de la actual, el autor ha  escrito 22 textos nuevos, ilustrados con sus correspondientes fotografías.

Las fotografías proceden del Archivo Municipal de Pamplona, del fondo Galle del Archivo General de Navarra, del archivo de Diario de Navarra y del archivo familiar de doña Pilar Iñarra, viuda de Lorda.

Ya los títulos de las fotografías nos retratan la Pamplona de 1939-1959: la camioneta de los borrachos, la primera piedra de la iglesia de San Antonio, llega a Pamplona una nueva reliquia de San Fermín, y así se derribó una iglesia del siglo XVI. Otros títulos: aquellos sí que eran catedráticos, de cómo fue abatido el olmo de San Lorenzo, la inauguración del monumento a los Caídos; Franco, de visita en el Ayuntamiento; Pamplona por la Inmaculada, un derribo que fue un crimen – el de la antiquísima casa palaciana de los Eguía, situada entre las calles Ansoleaga y Nueva, conocida como “casa Escudero” – y los antiguos coches mortuorios. En la página 90 leemos:  fútbol de categoría en el viejo campo de San Juan. En la fotografía vemos a futbolistas de Osasuna y del Maastrich, un excelente equipo holandés, que, el 22 de junio de 1952, ganó a Osasuna por 3-4. Siento una gran emoción cuando leo la alineación de Osasuna cuya defensa, entonces de tres jugadores, Barragán, Fandós, Salvatierra, y cuya media – entonces de dos: Goñi, Gallo – recuerdo  de memoria. En la delantera, entonces de cinco jugadores, jugó Pahuet, a quien lo recuerdo como si lo hubiera visto anteayer en el Orgullo Mundial celebrado en Madrid recomendando la espléndida autobiografía sentimental   El amor del revés del homosexual  Luisgé Martín.  A la salida de un entrenamiento en el campo de San Juan, vi a Pahuet. Y al cruzarme con él – yo tendría quizá diez años –, Pahuet, que iba hablando  con otro futbolista, soltó un “la hostia” que me dejó petrificado. Al encontrarme a Pahuet en La Pamplona de posguerra he revivido la fortísima impresión de aquel “la hostia” que todavía vaga por los sótanos de mi memoria.

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