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Ramón Irigoyen es autor de 16 libros de obra original. Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.
"Descomunal poeta" (Juan García Hortelano)
"Ya era hora, coño, de encontrar una gran prosa castellana, nueva, vieja y eterna" (Francisco Umbral, Premio Cervantes)

Magnífica biografía de María Moliner

Artículo de Ramón Irigoyen publicado en “Diario de Navarra”. Martes, 20 de noviembre de 2018

Inmaculada de la Fuente, galardonada con el Premio Nacional de Periodismo por sus reportajes y artículos publicados en El País,  presentó, el jueves pasado, en la madrileña Librería Los Editores (C/ Gurtubay, 5), su extraordinaria biografía El exilio interior. La vida de María Moliner, publicada por Turner. Es seguro que Jorge Javier Vázquez, licenciado en filología hispánica, autor de  libros excelentes e insuperable   presentador del programa televisivo Sálvame, que hurga a fondo en las biografías de sus entrevistados, sabe muy bien quién es María Moliner. Pero ¿cuántos de sus presentadores, que gastan un pico como el mismísimo san Juan ‘Crisóstomo’ (‘Boca de oro’, en griego, por su oratoria), saben que María Moliner es la autora del Diccionario de Uso del Español (Gredos), un diccionario que, dicho con todos los respetos, es aun mejor que el Diccionario de la Lengua Española (DEL) firmado por la Real Academia Española en colaboración con las veintidós academias americanas de la lengua?

Esta hazaña lexicográfica de María Moliner es equiparable a la extraordinaria colección de títulos tenísticos de Rafael Nadal. Porque, a la hora de medir los méritos, hay que sumar o restar otros méritos o deméritos que alteran el nivel del éxito. Y ya que el deporte es competición impura – porque los químicos dicen que, contra la errónea frasecita popular,  no hay química pura, sino que la química es siempre impura y, por tanto, el deporte también – pongamos a competir a María Moliner y Rafael Nadal, aunque la lexicografía – la ciencia de redactar diccionarios – y el tenis son dos disciplinas incomparables. No se deben comparar estas disciplinas pero la imaginación, generadora de todo tipo de delirios – como, por ejemplo, los criminales nacionalismos -, nos permite también este juego importado de los Cerros de Úbeda.

Comencemos por las raíces, que son  siempre la familia y la fecha de nacimiento. María Moliner nació en 1900 y Rafael Nadal, en 1986. Moliner nació en Paniza (Zaragoza) y  Nadal en Manacor (Mallorca). Moliner fue hija de un ginecólogo, médico de la Marina, que, cuando María  entraba en la adolescencia,  se fue con el cuerpo militar que lo tenía contratado a trabajar en Argentina,  y abandonó a la familia, que  por entonces vivía en Madrid,  y formó en el Río de la Plata una segunda familia para consolarse. El ginecólogo, al principio, enviaba dinero a su primera esposa. Pero ya se sabe lo engorroso que termina siendo enviar transferencias – y, sobre todo, en los años veinte del siglo pasado – y, por tanto, con el tiempo, dejó de hacerlo. María Moliner fue, pues, desde la adolescencia, hija de padres separados. Y fue algo, como mínimo, tan malo como ser hija que sufre el abandono sentimental del padre: fue, además,  hija, de un padre que deja de mantenerte aunque,  si lo pensamos bien, como dicen los faquires, comer  tampoco es tan importante.

Los padres de Nadal también terminaron separándose, cuando el tenista ya era una figura del tenis, y esta separación de los padres generó tantas noticias verdaderas, falsas y vegetarianas sobre la influencia en el rendimiento del tenista que es mejor que entre en este jardín Jorge Javier Vázquez, que es nuestro mayor experto en charcos.

La carrera tenística de Nadal asombra al mundo. La carrera lexicográfica de María Moliner asombra al mundo hispánico, que cuenta con más de 500 millones de hablantes. Moliner fue archivera por oposición. Y se jubiló como bibliotecaria – su profesión amada –, a los 70 años,  en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales el 30 de marzo de 1970. Moliner fue madre de cuatro hijos, nacidos antes de empezar a redactar su Diccionario. María Moliner amó las palabras casi tanto como a sus hijos. Dice Inmaculada de la Fuente, autora de media docena de libros espléndidos y de cientos de artículos, que el Diccionario de Uso del Español es una obra colosal. Es el adjetivo que le corresponde. El Diccionario de María Moliner es equiparable al Coloso de Rodas.  En los miles de separaciones matrimoniales, de parejas de hecho y de follamigos – voz que la Real Academia estudió para incorporarla al Diccionario y terminó por no admitir porque, claro, a los académicos les sonaba fatal -, con frecuencia, influye la catastrófica comunicación verbal por ignorancia en el uso de las palabras. Por eso María Moliner tituló su soberbia obra Diccionario de Uso del Español. Ella pretendía que usáramos bien las palabras. Hace unos días una cajera de un supermercado me dijo estas palabras que María Moliner y Toni Nadal, el tío y exentrenador de Rafael Nadal, le habrán aplaudido: “Las palabras construyen, destruyen y animan”. ¿Cuántos millones de palabras destructoras se pronuncian al día?  Centrémonos en lo positivo: “¡Vamos, Rafa! ¡Vamos, María!” María Moliner, además de autora del Diccionario, fue abuela de 13 nietos. ¡Vamos, Rafa!

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