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Ramón Irigoyen es autor de 16 libros de obra original. Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.
"Descomunal poeta" (Juan García Hortelano)
"Ya era hora, coño, de encontrar una gran prosa castellana, nueva, vieja y eterna" (Francisco Umbral, Premio Cervantes)

Navarra

Ramón Irigoyen nació en Pamplona en 1942. Fue bautizado en la parroquia de San Nicolás. Recibió la Confirmación de manos del obispo Gúrpide en la misma parroquia. Recibió la Primera Comunión, en gracia de Dios, de manos de un fraile capuchino, tío suyo, en el convento de las Madres Dominicas. Cursó tres años de educación infantil en el Colegio mixto de las Madres Teresianas, pero, como correspondía a la castidad general de la época, las clases de los alumnos estaban situadas en la lejanía de los antípodas respecto a las de las alumnas. A los ocho años se matriculó en el Colegio de los Hermanos Maristas. Allí, el retraso de un solo minuto, a las nueve de la mañana, suponía ser recibido por El Chino, un amable hermano marista que amenazaba a los alumnos impuntuales con clavarles un silbato de hierro en pleno cráneo. La amenaza de la incrustación de aquel silbato en el cráneo lo indujo a descubrir la importancia, en la vida, de la puntualidad. A los 11 años el Cielo le inspiró la feliz idea de matricularse en el Seminario Conciliar de Pamplona donde él tenía entendido que estaban abolidas las agresiones físicas. Guarda un recuerdo imborrable, por los bailes de su implacable chasca, de su último profesor en los Hermanos Maristas, sabiamente apodado El Pistolero (familiarmente, El Pisto). Por propia voluntad, huyendo de la violencia de género masculino, femenino y neutro de los Hermanos Maristas, ingresó en el Seminario Conciliar de Pamplona. Allí estuvo interno de octubre de 1954 al 1 de abril de 1960, fecha en que abandonó el Seminario. En el terreno de la violencia el Seminario tenía una gran ventaja: el seminarista recibía una hostia en ayunas al comienzo del día y, como la propia Iglesia prohibía repartir al fiel la segunda hostia en el mismo día, la tranquilidad del alumno, después de la Comunión, para el resto del día estaba garantizada. En el Seminario se salvó del infinito sopor de aquel centro por su pasión por el latín y por su pasión por el fútbol. Aprendió un excelente latín leído, escrito y hablado. En la escritura y habla del latín la Iglesia era, al menos, entonces superior a las secciones de Filología Clásica de las universidades de todo el mundo, donde el latín ni se escribía ni se hablaba. No deja de ser cómico que en los Seminarios de la Iglesia, los centros de más salvaje lavado de cerebro, el latín fuera una lengua viva mientras que en las universidades, una institución surgida en la Edad Media para oponerse a la cultura clerical de la Iglesia, el latín era una lengua muerta. Este buen conocimiento del latín le facilitó la elección de carrera universitaria pues, desde la adolescencia, tuvo claro que estudiaría Filología Clásica.

Estudió los dos primeros años comunes de Filosofía y Letras en la Universidad de Navarra y se fue a cursar los tres cursos restantes de la sección de Filología Clásica a la Universidad de Salamanca.

En 1984 leyó el Pregón de los Sanfermines en la Plaza Consistorial de Pamplona.

Ha publicado artículos sobre Navarra en diarios y revistas. Algunos de estos textos están recogidos en sus Libros de recopilación de artículos.
En el libro Humor de los amores están publicados los siguientes artículos: Pregón de los Sanfermines 1984, Sanfermines: la música de la fraternidad, Sanfermines: pies para fotos que viví, La Plaza de los Chistus pop ¿o el primer desnudo navarro?, Al habla con la Universidad de Navarra, Urralburu y el caso Murillo, El droguero que amaba el campo, En el País de las Maravillas, Oración a San Francisco Javier.

En el libro Puñaladas traperas están publicados los siguientes artículos: Trillando en Epároz, Navarra siempre p´adelante, Ay, Virgen del Camino, El basurero de Góngora, ¡Viva San Fermín!

En Madrid. Sus gentes, calles y monumentos hay ciento cuarenta y tres menciones de navarros y de municipios de la Comunidad Foral de Navarra, recogidos con mención de página en el índice de nombres.

En Locas por el Ejército se recogen los siguientes artículos dedicados a personajes navarros o municipios de la Comunidad Foral de Navarra: La honradez de Luis Roldán, Escobas en los pararrayos, Navarra pinta a Induráin, La reina Blanca de Navarra, El tren de Juan Cruz Allí, Seis viñetas de Pamplona, Casco viejo de Pamplona, A lomos de El Irati, Osasuna, vida mía.

Actualmente colabora, entre otros diarios, en Diario de Navarra.

En el libro de poemas Cielos e inviernos están incluidos los poemas, con temas navarros, Adolescencia, Javier Morrás pintando versos, La dulce Venecia regala bombones en Pamplona, San Fermín 1977.

En el libro Inmaculada Cienfuegos hay un relato, Trece años con Blancanieves, en el que menciona a Guíndano, un pueblo navarro abandonado hace ya algunos lustros. La acción de una parte del relato Una novia antigua, de este mismo libro, está ambientada en Pamplona.

En el relato Un loroñista de Bahamontes recogido en el libro Un placer inconfesable hay alusiones a Pamplona, a algún obispo de la tierra y a la Diputación Foral de Navarra.

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