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Ramón Irigoyen es autor de 16 libros de obra original. Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.
"Descomunal poeta" (Juan García Hortelano)
"Ya era hora, coño, de encontrar una gran prosa castellana, nueva, vieja y eterna" (Francisco Umbral, Premio Cervantes)

Ramón Irigoyen publica 30 años de su poesía, su crónica de la Transición

20 de junio de 2011

Madrid, 20 jun (Carmen Sarmiento. Agencia EFE).- “Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas…”. Así entiende Ramón Irigoyen la poesía, por la que lleva transitando más de treinta años, un tiempo que acaba de reunir en el libro “Poesía reunida” (1979-2011), en el que incluye sus polémicos romanceros satíricos.

Ramón Irigoyen (Pamplona, 1942), periodista traductor y ensayista pero sobre todo helenista y latinista, reconoce a Efe que está dotado para la sátira, una mirada corrosiva y desternillante que le ha acompañado toda su vida, tanto en el periodismo como en el verso, donde ha puesto ritmo y medida a los acontecimientos y personajes del día a día.

En “Poesía reunida (1979-2011)”, que acaba de salir a la calle editada por Visor, el escritor reúne cuatro libros: “Cielos e inviernos” (1979), “Los abanicos del caudillo” (1982) y los inéditos “Romancero satírico” y “La mosca en misa”.

“Dicho con la humildad del cardenal Rouco Varela, ‘Cielos e inviernos’ creo que es el libro que ha tenido mejor acogida crítica en los últimos 30 años”, explica a Efe el autor con fina ironía, al tiempo que recuerda que cuando salió en el año 78, después de ser aprobada la Constitución, arrasó por su lenguaje irreverente y burlesco respecto a lo religioso”.

El libro incluye un hecho dramático sucedido en el 75, con los últimos cinco fusilados por el régimen de Franco. Irigoyen pone en boca de un borracho la situación. Este libro, en palabras del autor, fue una revolución también por el lenguaje y el tema.

“El tema del amor, desde Petrarca hasta hoy, ha sido eterno, pero siempre sin sexo. Hasta poetas del amor, como Neruda o Salinas, no lo tocan, pero este libro contiene términos explícitos sobre sexo, como se hace en otros géneros como la novela y el teatro. Y aquí Catulo es mi modelo absoluto y convierte a Salinas en un sacerdote en el terreno del amor”, precisa el autor.

Otro de los libros que incluye el volumen, y el más polémico del autor, “Los abanicos del Caudillo” (1982), considerado una crónica moral del franquismo, fue “un verdadero escándalo”, en opinión del crítico Santos Sanz Villanueva. Fue noticia de ámbito nacional durante ocho meses. Incluso fue condenado por el Ministerio de Cultura, dirigido entonces por Soledad Becerril.

El libro fue escrito con media ayuda para la creación literaria. La otra mitad le fue denegada por un jurado formado por Gonzalo Torrente Ballester, Antonio Tovar o Luis Michelena, entre otros.

Irigoyen recuerda en el libro las palabras de Julio Caro Baroja comentando el título: “No comprendo cómo nos costó tanto tiempo entender que el Caudillo no era un general sino una generala”.

Y aquí el autor desgrana la dictadura a través de la voz de un juglar. “Una característica básica de los años del franquismo es que eliminó el amor, en todos los órdenes en la vida, en la pública, en la sociedad, en la familia. Todos éramos enemigos”, precisa.

Todos estos hechos alrededor de este libro contribuyeron a que el autor dejara de escribir poesía durante años, hasta su vuelta al género en el 94, cuando empezó a escribir romances diarios para una cadena de radio.

Crónicas diarias o poemas transformados en crónicas diarias llenas de humor, que el autor también incluye en los dos libros inéditos, “Romancero satírico” y “La mosca en misa”, ambos de 2011.

En “Romancero satírico” hay poemas dedicados a “El príncipe y doña Letizia”, “El sermón del señor Rouco”, “Las fotos de las ministras”, “Las rebajas”, “Naomi Campbell”, “Joaquín Cortés” o “Gianni Versace”.

“La mosca en misa” reúne seis poemas, todos satíricos, en los que se incluye uno sobre el terrorismo de ETA y un poema dedicado a todos los presentadores de televisión. Otro de ellos muestra una de las características fundamentales de Irigoyen: la reivindicación del feminismo, una idea que aquí plasma con un poema llamado “El hombre que no curra en casa”.

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