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Ramón Irigoyen es autor de 16 libros de obra original. Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.
"Descomunal poeta" (Juan García Hortelano)
"Ya era hora, coño, de encontrar una gran prosa castellana, nueva, vieja y eterna" (Francisco Umbral, Premio Cervantes)

Ramón Irigoyen y su “Poesía reunida”

ARTÍCULO DE LAURA CANO PUBLICADO EN  Cultura de Suite 101 EL 14 DE JULIO DE 2011

Editorial Visor ha decidido agrupar todos los versos concebidos por Ramón Irigoyen desde los años 70.

El resultado es “Poesía reunida (1979-2011)”, que incluye la reedición de los dos primeros libros de poesía del autor pamplonés: “Cielos e inviernos” y “Los abanicos del caudillo”, publicados en 1979 y 1982, respectivamente. También recopila, bajo el nombre de “Romancero satírico” y “La mosca en misa” dos conjuntos de poemas inéditos en libro. Se entremezclan, en forma de notas, explicaciones, cartas y noticias rescatadas, las circunstancias que han acompañado al autor hasta desembocar en este proyecto.

Así, Ramón Irigoyen confiesa en el prólogo cierta incomodidad pasajera durante la lectura de “Cielos e inviernos”. Aquella “sensación perturbadora“, que el poeta achaca a un “bajoncillo físico“, casi le hizo desistir de su reedición. No duró demasiado, afortunadamente, y hoy los versos de su debut poético vuelven a ver la luz del mercado editorial.

Versos de juventud

En 1979, “Cielos e inviernos” recibió los elogios de la crítica a la inteligencia, innovación, audacia e incluso impertinencia de sus versos. Tres años después, la publicación de “Los abanicos del caudillo” desataría el escándalo. El amor, la nación y la religión son temas del primer libro que, en el segundo, adquieren un carácter de crónica social. Ramón Irigoyen esboza el retrato moral de una España enferma, donde los sentimientos y las relaciones afectivas languidecen, tras décadas de dictadura franquista.

El autor concibió, originariamente, los poemas de “Los abanicos del caudillo”, como uno solo de 900 versos. Por recomendación de su amigo, el ilustre poeta Jaime Gil de Biedma, redujo su ambiciosa creación y la dividió en catorce composiciones.

“Poesía reunida” recoge los textos que explican la polémica surgida en torno al libro, entre diciembre de 1981 y julio de 1982, y que involucró al Ministerio de Cultura.

Problemas con Cultura

En 1980, el Ministerio de Cultura creó las Ayudas para la Creación Literaria, a partir de las cuales otorgaba hasta 46 becas de 500 mil pesetas a autores españoles, en las categorías de novela, ensayo, poesía y traducciones. El sistema creado por el Ministerio, dividía el procedimiento de ayudas en dos plazos. Durante el primero, un jurado clasificaba a 30 aspirantes en virtud del esquema del trabajo que iban a desarrollar, y a los que se les concedía la primera mitad de la ayuda. Nueve meses después, si presentaban la obra antes del vencimiento del plazo, los autores recibían la segunda mitad del dinero. Aunque Cultura no se encargaba de su edición, sí se comprometía a adquirir 500 ejemplares, una vez el libro era publicado.

En 1981, Ramón Irigoyen fue seleccionado y gratificado con 250.000 pesetas correspondientes a la primera mitad de la ayuda. Meses después, “Los abanicos del caudillo” era rechazado por el Ministerio, que le negó la segunda parte de la beca sin mediar explicación. Aquel desencuentro saltó a la prensa y numerosos nombres del panorama literario salieron en defensa pública de Irigoyen y su obra. Entre ellos, Francisco Umbral mostró su absoluta repulsa a la decisión del Ministerio y Jaime Gil de Biedma manifestó su sorpresa por los criterios ministeriales. Ante la insistencia de la controversia, llegó a esgrimirse una única razón: la baja calidad y el escaso esfuerzo que supuestamente evidenciaba el libro.

En 1982, la editorial Visor publicaba “Los abanicos del caudillo” junto a diversas alusiones a la polémica. Ramón Irigoyen, que todavía encuentra en el argumento ministerial “un chiste graciosísimo“, recupera intactos para “Poesía reunida” el prólogo, el epílogo y otros textos de aquella primera edición.

La ironía Irigoyenesca

El lenguaje coloquial, la sátira, los tacos y las blasfemias que probablemente disgustaron al Ministerio, son un rasgo inherente de la poesía de Ramón Irigoyen. Aunque entonces lo privaron de un cuarto de kilo, cuantía que, según aseguraba el poeta en su carta a la Ministra de Cultura Soledad Becerril, “pensaba donar a la Virgen de Guadalupe por un detalle especialísimo que tuvo recientemente con un primo mío de Burgos“, lo dotan de una visión brutalmente esclarecedora de la realidad contemporánea.

La crítica acerada del franquismo en “Los abanicos del caudillo” guarda la apariencia oscura y acre de los seminarios. En cambio, la crónica social alcanza su cénit humorístico en “Romancero satírico” y “La mosca en misa”. El primero lo componen 29 romances parte de los cuales Irigoyen leyó, a lo largo de 1995, en el programa de la COPE “Al sur de la semana”. Cada uno de ellos está dedicado a un personaje de la actualidad política y social (Zapatero, Aznar, Felipe González, Fraga, Rajoy, Naomi Campbell, Ortega Cano, Joaquín Cortés, El Príncipe Felipe y Doña Letizia, entre otros). La otra parte, se publicó en 2004 en la revista humorística “El virus mutante”.

“La mosca en misa” incluye otros seis poemas inéditos que, sin dirigirse a particulares, aluden también a la realidad social. El poema que da nombre al conjunto, “La mosca en misa”, es una sátira implacable con la banda terrorista ETA. En “El hombre no curra en casa”, Irigoyen reprocha al sexo masculino su holgazanería doméstica.

Trayectoria

Al episodio del Ministerio de Cultura le sucedió un parón poético que, sin embargo, no impidió a Ramón Irigoyen seguir escribiendo. “Dejé de leer poesía, dejé de relacionarme con poetas […] y, naturalmente, dejé de escribir poesía”, confiesa, el autor, en el prólogo de “Poesía reunida”. Pero Ramón Irigoyen ha permanecido ocupado con otras obras y proyectos. Irigoyen es autor de 15 libros de diversos géneros así como responsable de 14 traducciones del griego antiguo y moderno.

La influencia helénica y latina queda patente en la trayectoria del escritor, que estudió filosofía y letras en la Universidad de Salamanca y vivió en Grecia entre 1966 y 1969, donde ejerció de profesor de idiomas en la Universidad de Atenas. Es, precisamente, el poeta latino Cayo Valerio Catulo, que vivió entre el 87 y el 54 a.C, el modelo inspirador de su estilo explícito y desinhibido.

En 2007 recibió el Premio al Valor Ético de su obra en Salamina, otorgado por la institución cultural griega “To Cafeníon ton Ideón” (El Café de las Ideas). En España, ha recibido el Premio de Relatos Eróticos “Play Boy” (1982) por “Un cuchillo en el pantano” y el XV Premio de Narraciones Breves “Antonio Machado” (1991) por su relato “Curación milagrosa”

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