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Ramón Irigoyen es autor de 16 libros de obra original. Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.
"Descomunal poeta" (Juan García Hortelano)
"Ya era hora, coño, de encontrar una gran prosa castellana, nueva, vieja y eterna" (Francisco Umbral, Premio Cervantes)

Roberto Iglesias y Faulkner

Artículo de Ramón Irigoyen publicado en “Diario de Navarra”. Lunes, 3 de diciembre de 2019

Pedro Santana y Francis Quintana presentaron en Logroño, el sábado pasado,  en el Café Bretón el libro Memoria última, del poeta, novelista y periodista  Roberto Iglesias. ¿Es este el orden profesional – poeta, novelista y periodista – que prefiere Roberto Iglesias o el orden es otro – periodista, novelista y poeta o quizá, novelista, periodista y poeta? No es este un asunto menor porque, por ejemplo, Rosa Montero se considera novelista, ensayista y periodista – y por este orden -, como bien aclaró cuando recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas que, en su comunicación a los medios, la presentó como – y por este orden – periodista, novelista y ensayista. “No, no, soy novelista y ensayista antes que periodista”, habló para las golondrinas con contundencia Rosa Montero. Todas las mentes humanas son de una complejidad extrema. Pero las mentes de los artistas, que ven la realidad según las obsesiones que padecen, baten récords de delirio y sus problemas de identidad son tan cómicos como las viñetas – ¡vaya palabrita! – del genial Chúmy Chúmez que acaba de publicar Humores que Matan en  Reino de Cordelia.

Roberto Iglesias, que tiene una voz extraordinaria que, bien encauzada desde la infancia, podría haberlo llevado a cantar ópera, a mi modesto juicio – desde que Cristiano Ronaldo se ha ido a la Juve,  mi humildad crece de día en día -, es, en primer lugar, un magnífico poeta. Aquí van los títulos de siete poemarios – otra palabrita tan incordiante como viñeta, que, claro, rima con puñeta -, de siete, ay, digo, poemarios: Hojas de un noviembre funerario, Odiario, Epitafio a Logroño, El velo de Isis, Revelación de la noche, Oppidum y Quincetos.  El asturiano Roberto Iglesias  lleva el verso inscrito, desde su nacimiento,  en el código genético por un decreto-ley de Don Pelayo. Ama los versos – y, por supuesto, la poesía que está en casi todas las partes – con pasión de hincha del Madrid o del Barça o, aún mejor, del River Plate y del Boca Juniors (River y Boca, sin Plate ni Juniors,  para sus hinchas).

Hay tres géneros periodísticos – la crónica de viaje, el reportaje y la entrevista – que son para atletas de la información. Cuando, hace ya unos añitos, vi en Logroño, en la librería Santos-Ochoa,  los siete volúmenes de La Rioja de cabo a rabo firmados por Roberto Iglesias, al instante pensé en Faulkner, el autor de veinte novelas que fascinaron a docenas de novelistas de varias lenguas.  Muy lejanas son las técnicas narrativas de una crónica de viajes y de una novela y, sobre todo, de una novela faulkneriana, heredera  de las tortuosas técnicas de Proust y de Joyce, inventadas para competir con el cine – y, de paso, humillarlo – que les arrebataba clientes a los novelistas.

Faulkner fue, en primer lugar, un estadounidense sureño de pueblo, que escribió las historias de sus paisanos mezclándolas con los relatos de la Biblia y unos buenos chorros de tragedias griegas, que universalizaron sus temas. Roberto Iglesias, siguiendo el ejemplo de Faulkner, que visitaba los pueblos de los alrededores de su domicilio, se lanzó a visitar, sin pereza, La Rioja y viajó del Alto Najerilla al Alto Iregua. Entusiasmado con su experiencia, que relató en el diario La Rioja, en el que trabajaba, viajó del Alto Alhama a la cuenca del Linares y el Alto Cidacos. Lo enamoraron también  la cuenca del Cidacos, la comarca de Alfaro y el valle de Ocón. Y otras cuatro cuencas lo fascinaron: las del río Tirón, río Oja, río Najerilla y río Leza. También relató en el diario  La Rioja su visita al valle del Yalde. La Editorial Ochoa reunió en 1981 aquellas crónicas en siete volúmenes.

¿El estilo de las crónicas de Roberto Iglesias era hermano del de las novelas de Faulkner? No podía serlo. Faulkner escribía pensando ya en los novelistas hispanoamericanos y españoles – Onetti, García  Márquez, Vargas Llosa, Juan Benet – que iban a ser sus discípulos, y Roberto Iglesias escribía pensando en los paisanos que había conocido en sus viajes y que iban a leer en sus pueblos su crónica,  tan maravillosa, como, por arte de gran periodista,  ligera de leer.

Roberto Iglesias fundó y dirigió la excelente revista cultural El Péndulo del Milenio.

El libro de poemas Memoria última, presentado en el fantástico Café Bretón, de visita muy recomendable,  lo han publicado las editoriales Mangolele y Ángeles Sancha.

Amor, pasión, generosidad, alta y baja cultura – “la cultura / es buena / a cualquier altura”, ¿dónde vamos sin unos versillos? –  y comunicación de muchos decibelios – estamos hablando de un cantante de ópera in pectore-,  dan una imagen solo levemente aproximada de Roberto Iglesias,  el Mariscal del Ebro.

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