Ramon Irigoyen en FacebookRamon Irigoyen en Twitter
Ramón Irigoyen es autor de 16 libros de obra original. Ha publicado también 15 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.
"Descomunal poeta" (Juan García Hortelano)
"Ya era hora, coño, de encontrar una gran prosa castellana, nueva, vieja y eterna" (Francisco Umbral, Premio Cervantes)

Virginia Woolf y Olivia de Miguel

Artículo de Ramón Irigoyen publicado en Diario de Navarra: Fecha: Semana Anterior al Nacimiento de Jesucristo (Calendario Juliano: 19/03/2018)

 

La presentación de El diario  de Virginia Woolf. Volumen I (1915-1919 ­– un libro extraordinario de 600 páginas publicado por la editorial Tres Hermanas– en la librería madrileña Nakama Lib (C/ Pelayo, 22) es uno de los grandes eventos literarios del año, por no decir, y quizá no sería exagerado afirmarlo, de las últimas décadas de los últimos ocho o diez  siglos. ¿Qué es lo peor que le puede ocurrir a un autor cuando es traducido? Sin duda, la tragedia para un autor es que su libro caiga en manos de un traductor incompetente que le masacrará hasta la última coma del texto. Hace unos meses, sentí el deseo  de leer Anna Karénina de Tolstoi y me dirigí a la Casa del Libro de la Gran Vía madrileña. Podría, claro, haber comprado la novela por internet pero, en este caso, tenía que comprar a ciegas renunciando a ver las distintas traducciones del libro.

Abrí, pues, en la Casa del libro  la traducción publicada por una editorial a la que le tengo un inmenso cariño y leí las cinco primeras líneas de la novela. Con dolor constaté que era un castellano pedregoso, aunque quizá escrito sin ánimo deliberado de asesinar al lector,   y con un ritmo tan cansino que, al minuto de la lectura, tuve la sensación de llevar media mañana leyendo aquellas cinco líneas. Ni la policía científica con sus artimañas más refinadas lograría sonsacarme el nombre de esta editorial y mucho menos el nombre del traductor porque por los traductores – incluso cuando no aciertan mucho – siento aun más cariño que por las editoriales porque nos ofrecen los libros de lenguas que desconocemos y que, por tanto, no podemos leer en el original. Leí a continuación las primeras líneas de la traducción de Anna Karénina firmada por Víctor Gallego Ballestero y publicada por la editorial Alba. El castellano de Víctor Gallego Ballestero es exquisito. Compré, naturalmente, la novela y elevé a su traductor al altar de los traductores consagrados, donde él llevaba ya unos años disfrutando la gloria literaria.

Y en el altar de los traductores consagrados está también instalada Olivia de Miguel, traductora de inglés galardonada con el Premio Nacional de Traducción, y que, tras la publicación de quizá más de 30 libros de espléndidas traducciones de autores británicos y estadounidenses de primer nivel, ahora nos ofrece esta soberbia traducción de El Diario de Virginia Woolf. La edición británica del libro es de Anne Olivier Bell y la introducción es de Quentin Bell. El prólogo  a la edición en español es de Inés Martín Rodrigo. Estos tres textos son del mayor interés.

Virginia Woolf habla en su diario de su vida privada – de su marido Leonard Woolf, de sus amigos, de su intensa vida social, de su vida literaria, de política, de meteorología… -. Pasan por el diario docenas de personajes cuyos nombres nos han llegado porque ella habla de ellos. La lectura de El diario de Virginia Woolf me ha llevado a recordar las no pocas veces que Francisco Umbral hablaba de esta autora como una de las grandes a las que él admiraba y leía con frecuencia. Muchas páginas de este diario son de la misma familia que, por ejemplo, las columnas que Umbral publicó en prensa bajo el epígrafe de Spleen de Madrid y también bajo otros epígrafes.  Virginia Woolf y Francisco Umbral son almas gemelas. Ambos tuvieron estudios académicos sólo elementales. Los dos fueron superdotados en literatura. Los dos apostaron por las vanguardias. Virginia Woolf triunfó en la novela – La señora Dalloway, Orlando, Las olas – y triunfó en el ensayo con Una habitación propia. Umbral ensayó novelas que no pasaron de ser brillantes ensayos de novelas. A los dos les fascinaba la prensa. Virginia Woolf es grande en sus diarios personales. Umbral también fue grande en sus diarios personales y, sobre todo, en los diarios de información general: Diario 16, El País, El Mundo. Virginia Woolf y Francisco Umbral también coinciden en un defecto: sus novelas – y queda claro que las de Virginia Woolf son muy superiores – adolecen de trama. Son dos escritores líricos.

En la brillante presentación de El diario de Virginia Woolf participaron la traductora Olivia de Miguel y la editora de Tres Hermanas Cristina Pineda, que conversaron sobre el libro con la periodista y novelista Marina Sanmartín. Asistió al acto la novelista Casilda Iriarte, nominada para el Premio Ateneo de Novela. Por influencia de los cotilleos de Virginia Woolf en su Diario, en un corrillo de la librería  se debatió si Casilda Iriarte fue alumna de Javier Sagarna en la Escuela de Escritores, de Madrid,  o fue alumna de José María Guelbenzu en la ¿Escuela de Letras?

Los Comentarios estan cerrados.